¿Por qué, a pesar de la revolución tecnológica, el crecimiento de la productividad se mantiene débil?

29, marzo

Por Denis Pennel Pocas personas negarían que en las últimas décadas se han visto enormes avances en tecnología. ...

Por Denis Pennel

Pocas personas negarían que en las últimas décadas se han visto enormes avances en tecnología. Desde el inicio del siglo XXI, hemos sido testigos de la creación de un mundo cada vez más interconectado, donde una plétora de nuevas tecnologías que van desde las aplicaciones y las plataformas digitales a la impresión 3D y redes móviles 4G, han transformado la forma en que vivimos y trabajamos. Las empresas pueden rastrear el movimiento de bienes y servicios en tiempo real, y brindarles soluciones veloces y plazos de entrega 24/7 a clientes en todo el mundo.

Sin embargo, a pesar de la velocidad, eficiencia y conocimientos que brindan estas innovaciones, su impacto en el crecimiento de la productividad ha sido escaso. Datos del Índice de Competitividad Global 2017/18[1] del Foro Económico Mundial sugieren que la razón por la cual la innovación suele fracasar a la hora de impulsar la productividad es el desequilibrio que se da entre las inversiones en tecnología y los esfuerzos por promover su adopción en una economía más amplía.

En resumen, la correlación entre avances tecnológicos y productividad no es automática. Lleva tiempo que las grandes innovaciones se difundan en la sociedad y en el mundo productivo. Nuestros libros de historia demuestran  que la productividad tiende a disminuir al inicio de cualquier revolución tecnológica. Las innovaciones son aceptadas plenamente sólo cuando las personas se acostumbran a las nuevas formas de hacer las cosas, y es entonces cuando la sociedad comienza a cosechar los beneficios. Por eso, a pesar de que los gigantes tecnológicos aparentan tener alcance global, existen grandes regiones del mundo donde su impacto ha sido pobre.

¿Qué significa esto para los mercados laborales del futuro? A medida nuestras economías muten su base desde la manufactura a los servicios, veremos una mayor cantidad de empleos productivos de bajo nivel. Pero esto no necesariamente deriva en economías de escala, ya que un mayor número de consumidores no genera automáticamente mayor calidad. De hecho, en el enigma de calidad vs cantidad, se sabe con certeza que no hay reemplazo al toque personal que sólo puede lograrse en relaciones cara a cara y no mediante la tecnología.

Los sectores económicos que actualmente crecen y se proyecta que seguirán expandiéndose y generando empleo son áreas tales como cuidado de personas, hospitalidad, retail y educación. Son clasificados como “sectores de servicios de proximidad”, donde es difícil aumentar la productividad en base a la tecnología. Mientras que las empresas que producen bienes pueden utilizar sus recursos de forma más eficiente para impulsar la productividad, es difícil que las empresas en el sector de servicios  puedan reducir su activo principal – las personas- sin tener un impacto negativo en la productividad.

Durante la última década, una serie de factores económicos ha contribuido a crear la tormenta perfecta que puso un freno a la productividad –incluso en aquellos sectores de la economía donde normalmente se espera que los avances tecnológicos tengan un impacto positivo. La presión a la baja en los salarios trajo aparejados altos niveles de desempleo, y la globalización de los mercados laborales ha generado menos incentivos para acoger a la innovación. Otro factor ha sido el acceso a créditos baratos que les ha permitido a las empresas con baja productividad tomar préstamos sin que se controlen sus niveles de productividad.

La productividad es impulsada por una combinación de habilidad y presión. Si hay falta de competencia (presión), la motivación es baja. Si esto se combina con una tendencia natural al conservadurismo y aversión al cambio (como la de los Ludistas en el siglo XIX), se observa que no hay un aprovechamiento de las nuevas tecnologías y de la idea de producir más con menos recursos.

¿Qué acciones se necesita tomar para promover la productividad en nuestras economías? El Foro Económico Mundial (WEF) dice que el mundo está pasando de la era del capitalismo a la era del “talentismo”, y establece que el talento será cada vez más importante que el capital. Junto con el financiamiento de la innovación y de la adopción de tecnología, y la distribución de sus beneficios en la economía, el WEF establece que otros desafíos claves para impulsar el crecimiento de la productividad en la cuarta revolución industrial son la flexibilidad de los mercados laborales y la protección de los trabajadores.

Creo que los gobiernos, las empresas, y la sociedad civil deben trabajar en conjunto para cambiar las dinámicas del mercado laboral e implementar políticas que sean creadores de prosperidad y crecimiento en toda la sociedad.

[1] http://www3.weforum.org/docs/GCR2017-2018/05FullReport/TheGlobalCompetitivenessReport2017%E2%80%932018.pdf

Acerca de Denis Pennel

Managing Director de la World Employment Confederation, Denis Pennel es un experto en mercados laborales, con extenso conocimiento y años de experiencia en cuestiones de empleo tanto a nivel mundial como de de la Unión Europea. Ha publicado varios libros en inglés y francés, describiendo las nuevas tendencias del cambiante mundo del trabajo, y participa frecuentemente como orador en conferencias internacionales.

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