La mejora de habilidades por sí sola no podrá salvaguardar al futuro del trabajo

25, junio

Por Jochem de Boer Global public affairs manager, The World Employment Confederation La mejora de habilidades (o ...

Por Jochem de Boer

Global public affairs manager, The World Employment Confederation

La mejora de habilidades (o skilling) se ha convertido en un concepto resonante, y suele ser visto como el elemento clave para navegar nuestro cambiante mundo del trabajo. Sin embargo, a pesar de que no faltan conferencias y artículos donde se proclama al skilling como la llave para acceder al futuro del trabajo, no puedo evitar preguntarme si no estaremos perdiéndonos de algo, y si habremos puesto el carro delante de los caballos.

Antes de apresurarnos a pensar que el skilling nos salvará a todos, consideremos algunos hechos. Los sistemas de seguridad social que hemos creado en el mundo desarrollado en los últimos 70 años ya no son sostenibles. La idea de que las personas pasen 40 años trabajando 40 horas a la semana es un tema del pasado. Las carreras laborales actuales incluirán un gran número de transiciones, y, con ello, una demanda de habilidades que cambiará rápidamente.

Así, las personas tienen un conjunto de demandas distintas del sistema de seguridad social, tendencia que se acelerará. La tasa promedio actual de dependencia en los miembros de la OCDE es de 1 en 4. Esto significa que existen alrededor de 28 personas mayores de 65 años o más cada 100 personas que están dentro de la población activa (10 a 64 años). Para 2075, se espera que el ratio promedio sea de 1 en 2, con más del 58%, ya que el envejecimiento poblacional se traducirá en menos personas trabajando y sosteniendo al resto de la sociedad.[1]

Dado que menos personas estarán contribuyendo al sistema de seguridad social mediante el pago de impuestos, y un mayor número de personas necesitará hacer uso del mismo, urge repensar cómo se financia y gestiona este sistema.

Los mercados laborales y los sistemas de seguridad social están a punto de ser golpeados por un tsunami. Por el momento, demasiados hacedores de políticas públicas están parados en la playa, preguntándose a donde se ha ido el agua, en lugar de entrar en acción para mitigar el impacto de la ola que se acerca. En lugar de enfocarse en desarrollar las habilidades de las personas, e impulsar sistemas de validación y certificación, los gobiernos de todo el mundo deben dar un paso hacia atrás y revisar sus sistemas de seguridad social.

Claramente, no existe un abordaje estandarizado para alcanzar este objetivo, ya que las redes de seguridad social presentan divergencias en todo el mundo. Sin embargo, necesitaremos de medidas que brinden acceso a la educación en todas las etapas de la vida, e incentiven a las personas a regresar a las aulas para desarrollar las habilidades que necesitan para desarrollar un papel de utilidad en el mercado laboral.

Los trabajadores deben poder hacer esto con la confianza de saber que sus derechos y protecciones serán mantenidos, y los empleadores deben ser alentados a brindar capacitación continua. La creación de derechos de capacitación transferibles, y el desarrollo de habilidades transferibles servirán a las necesidades tanto de trabajadores como empleadores en un futuro del trabajo que es incierto. Especialmente las habilidades blandas pueden ser utilizadas en un amplio abanico de situaciones laborales, pero de todas formas muchas personas se verán volverán a capacitarse 2 o 3 veces en sus vidas laborales, ya que las habilidades actuales suelen resultar vigentes por media vida laboral, y no por una vida laboral entera.

El desafío radica en que ni los gobiernos ni las empresas tienen una bola de cristal respecto a que habilidades se necesitarán en el futuro, y cómo es posible prepararse para ello. La mejor manera de anticipar esto es desarrollar una infraestructura de aprendizaje que acerque a los gobiernos a los desarrollos y necesidades del mercado. De esta forma podremos reconocer los cambios en necesidades de habilidades y adaptar la educación y los sistemas de capacitación para crear un marco de aprendizaje de por vida que satisfaga las necesidades de todos: gobiernos, trabajadores, y empresas.

Otra razón por la que el skilling ha recibido tanta atención es que se trata de tema algo obvio para los hacedores de políticas públicas. Nadie se mostrará en desacuerdo con capacitar a trabajadores para equiparlos adecuadamente para el mercado laboral, El desafío radica en quien financiará esto. ¿Serán los gobiernos, los empleadores o los propios trabajadores? En mi opinión, la respuesta es simple: la educación es la mejor garantía de ingreso. Esto significa que cada trabajador, empresa y gobierno tiene un interés propio inherente en este tema. Los gobiernos –al garantizar el acceso a capacitación de relevancia, no se limita a personas de determinada edad, empleo, sector o relación laboral; las empresas –al invertir en las personas y en relaciones con educadores; y trabajadores – al aceptar que sus beneficios se direccionan hacia mayor formación, en lugar de hacia protección temporal del ingreso.

De esta forma, las habilidades y las reformas de seguridad social son abordadas de forma conjunta. Al reformar los sistemas de seguridad social para crear un campo de juego nivelado para los trabajadores, donde sus derechos y protecciones sean resguardados más allá del tipo de contrato laboral que tengan, o de sus necesidades de formación, los gobiernos allanan el camino para generar formas de trabajo más diversas. Creo que así, en estos mercados laborales más activos, la actualización de habilidades será parte de un abordaje mucho más sostenible.

[1] https://www.oecd-ilibrary.org/social-issues-migration-health/pensions-at-a-glance-2017/old-age-dependency-ratio_pension_glance-2017-22-en

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