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Por Ana Inés Montanari* para staffingamericalatina
A principios de este año vi un aviso en Internet que invitaba a postularse para ser “CEO por un mes” de Adecco Argentina. El programa “CEO por un mes” es una de las tantas iniciativas que lleva delante el Grupo Adecco a nivel mundial para combatir el desempleo juvenil. La experiencia consiste en elegir a un joven por país donde se encuentra presente la empresa (cada año se adhieren más filiales, este año contó con la participación de 50 países) que tiene la oportunidad única de trabajar de forma remunerada, a la par del CEO de la empresa a nivel nacional, aprendiendo sobre la industria de los Recursos Humanos, el funcionamiento de una empresa multinacional y desarrollando sus habilidades de liderazgo.
El programa me pareció desafiante y me postulé. Pasados unos meses quedé seleccionada para participar de un assessment center en el cual nos encontraríamos los finalistas, unas 12 personas de todo el país. Días después del assessment recibí un nuevo llamado. Formaba parte de la terna de finalistas y tendría una entrevista vía Skype con David Herranz, CEO de Adecco Argentina y de Latinoamérica, quien sería el CEO mentor de quien fuera seleccionado. El martes siguiente me enteré de que había ganado Argentina. No podía creerlo.
En cuestión de semanas armé las valijas y partí desde mi Rosario natal rumbo a Buenos Aires, por un mes dejé en suspenso mi tesina de grado de la Licenciatura en Relaciones Internacionales y me embarqué en una experiencia extraordinaria. Conocí cada una de las áreas de la empresa, el funcionamiento de una sucursal, viajé y aprendí muchísimo. Tener de mentor a David me permitió no sólo conocer cómo se trabajaba a nivel nacional si no también qué significaba estar a cargo de una región. Siempre consideré que América Latina cuenta con un gran potencial. Sin embargo, las carencias de recursos la limitan y constriñen sus oportunidades de crecimiento. Subsanar esto es todo un desafío. Generar sinergias positivas entre los grupos de trabajo de los distintos países es un primer paso clave a la hora de desarrollar el potencial existente.
Volviendo al programa, cuando me involucré en el mismo no sabía realmente cuál era el grado de participación concreta que iba a tener. Cuando contaba que iba a trabajar como CEO por un mes me decían: ¿pero vos que vas a hacer? Cuando llegó David comprendí cuál iba a ser mi rol. Ese día fuimos a una reunión en la cual confluía personal de distintas sucursales de Buenos Aires, antes de entrar me preguntó: ¿qué pensás decirles? Lo miré sorprendida. ¿De verdad me tocaba hablar? ¿Lo que pensara era realmente tenido en cuenta?
Con el correr de los días supe que sí. Cada proyecto, cada nueva idea, cada actividad exigía que estuviera activa y atenta. Tenía que dar mi visión, evaluar, sugerir opciones alternativas que consideraba mejores, llevar adelante al grupo, en fin…ser CEO. Pero no un CEO convencional, un CEO de lo que considero que es “el nuevo paradigma”. De los que se pasean por las oficinas como uno más, saludan a todos, escuchan, impulsan a los otros a crecer, reconocen errores propios y piden feedback de su propio desempeño. Eso me pareció alucinante y estoy convencida de que este paradigma de CEO es el que va a imperar de ahora en más. El jefe al que se le tiene miedo, que reta innecesariamente, que no acepta otras opiniones que no sean las suyas y no se relaciona fluidamente con sus empleados se va a extinguir.
Hablando con mis amigos comentaba cómo era David en la empresa y todos quedaban fascinados. Los jóvenes necesitamos de este tipo de jefes. Queremos crecer en una empresa, que valoren nuestro punto de vista, que nos hagan participar, que nos planteen desafíos y confíen en que podemos alcanzarlos, que crean en nosotros. Así es como progresivamente buscamos un margen económico que nos permita huir de los contextos donde no nos sentimos motivados o tenidos en cuenta.
Si tengo que decir que cambió a partir de mi experiencia destaco mi cambio de actitud frente a las decisiones. Cuando volví a Rosario retomé mi tesina y muchas de las dudas que tenía se habían disipado. En vez de pedir que mi tutor guiara todo lo que hacía nos volvimos a reunir y le presenté el trabajo prácticamente terminado. Decidí qué autores tomar, qué metodología utilizar, qué quería hacer y confié en mis propias decisiones. Había pasado un mes aprendiendo a confiar en mi capacidad decisoria y eso me impulsó a avanzar. La facultad sigue siendo, a mi criterio, poco participativa y unidireccional. Las instancias donde el alumno puede crear o tomar la iniciativa son contadas y dependen mucho de la libertad que el docente permita. Por eso cuando llegamos a la instancia de la tesina cuesta tanto. Uno sabe cómo hacer lo que otros le dijeron que haga pero no sabe cómo decidir por uno mismo para uno mismo. En mi caso personal lo noté más aún porque tiendo a ser decidida y consecuente con lo que quiero pero experimentar esa transición, que en definitiva implica un crecimiento, fue complejo y creo que sin mi experiencia en Adecco habría demorado mucho más.
Como si todo lo que había vivido fuera poco quedé seleccionada entre los 10 CEOs nacionales a nivel mundial que competirían para ser CEO por un mes del Grupo Adecco. Viajé a Holanda para participar de la competencia donde tuve la oportunidad de defender mi proyecto de innovación, uno de los puntos clave que nos evaluaban. Mi proyecto era una propuesta de trabajo para atacar un problema que afecta al mercado laboral en América Latina: la inclusión de personas con discapacidad en las empresas que es, a mi criterio, una de las cuestiones pendientes más acuciantes. A nivel global la Fundación Adecco trabaja con la temática de la inclusión de forma integral y creo que sería vital contar con proyectos de ese tipo en América Latina.
Luego de mi desempeño en Holanda quedé entre los 5 finalistas que viajaron a Tokio para las últimas evaluaciones. Teniendo 23 años lo que viví desde junio cuando fue el assessment center hasta acá es casi un sueño. Esta semana presenté mi tesina de grado y próximamente comenzaré a trabajar en Adecco. Esto último es lo más importante del programa, que es de verdad. Cuando se apagan las cámaras y terminan los eventos la misma gente te sigue apoyando y sigue comprometiéndose con tu inserción en el mercado laboral.
Agradezco al Grupo Adecco por creer en los jóvenes y colaborar con nuestro crecimiento profesional y personal. Los jóvenes necesitamos del compromiso de instituciones, empresas y organizaciones para que nuestra inserción laboral deje de ser frustrante y pase a ser una etapa más de crecimiento.
*Puedes chequear el perfil de LinkedIn de Ana Inés Montanari y seguirla en Twitter: @aniimontanari