Design Thinking, el camino hacia la Innovación
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La siguiente es la primera de una serie de columnas que tendrá la mirada de un jubilado que vivió un mundo del empleo diferente. Sin embargo, desde su sabiduría y su sentido común, puede hacernos reflexionar acerca del futuro del trabajo.
Por Juan Cruz Ferrazzani
Estoy retirado. Vivo en las afueras de una capital de América Latina. Miro la región desde mi jardín, leyendo junto a mis perros.
Viví un mundo muy diferente. Con algunas cosas que estaban mucho mejor y otras que estaban mucho peor. Me gusta la literatura, la música, la política y la filosofía. No soy técnico. Mis pensamientos se basan en la lectura, en la observación, en el tiempo vivido y en el tiempo que tengo para pensar. Me pregunto muchas cosas cuando veo a mis nietos como se esfuerzan por desarrollar sus carreras laborales. Y me preocupan mis bisnietos, que dentro de muy poco ingresarán a lo que hoy se denomina mercado laboral.
Creo que está muy bien llamar a las cosas por su nombre. Se trata de un mercado laboral. Claramente lo que manda es la oferta y la demanda. Y existe competencia. Antes no era así.
Cuando era joven había trabajo para todos. Recuerdo que cuando venía alguien a pedir trabajo, nuestro pensamiento era que no se le negaba el trabajo a nadie. El hombre quería trabajar y había trabajo para hacer. Había tiempo para ensenar y para aprender. Estábamos construyendo América Latina.
Hoy creo que la tarea está inconclusa, falta muchísimo por hacer y no entiendo muy bien por qué en estas tierras en donde todavía queda mucho por hacer no hay trabajo para todos. De lo que estoy seguro es que no se pueden resolver problemas del presente con recetas del pasado. Me dicen que a veces las empresas necesitan trabajadores con determinadas habilidades y que esos trabajadores no están en nuestros países. Por otro lado, muchos jovencitos no tienen trabajo. Entre las preguntas que me hago al sol después de almorzar, una que aparece a menudo es por qué los gobernantes no trabajan en la resolución de este problema. El hombre debe trabajar y esto es lo importante, si no existe más el trabajo para toda la vida, debe trabajar en distintos trabajos todo el tiempo. Es necesario que vuelva a su casa con la dignidad que proporciona un trabajo y pueda educar a sus hijos para que sean ciudadanos cabales. Parece sencillo: yo planificaría el desarrollo de mi país, pensaría en qué tipo de país quiero ser para el resto del Mundo, qué productos y servicios voy a ofrecerles al resto de los países y me prepararía mucho para eso. Entonces sabría que tengo que trabajar con los niños que hoy se están formando en las escuelas para que cuando salgan tengan trabajo y también para que las empresas tengan trabajadores que las hagan crecer. Creo que así, crecerían más y mejor nuestros países.
Ahora se usa mucho una palabra que cuando era joven no existía pero se veía todos los días en la realidad: inclusión. También pasaba algo muy interesante: una persona pobre con trabajo y esfuerzo lograba progresar y dejar atrás la pobreza.
A veces pienso que los políticos complejizan las cosas. Y que no escuchan a la gente que representan. Es más, a veces pienso que creen que es un trabajo el que tienen y se olvidan de que sólo son representantes nuestros. Eso me enoja un poco…pero enseguida empiezo a pensar en soluciones con optimismo: no quiero que me digan viejo cascarrabias.