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Por Scott Hartley
En el mundo actual, donde hay abundancia de logaritmos, existe la idea de que las habilidades tecnológicas serán las más relevantes. Ciertamente, la familiaridad con la tecnología se traducirá en puestos y oportunidades. De hecho, además de las ya conocidas aptitudes de IQ y en EQ, el “coeficiente tecnológico” o TQ se está transformando rápidamente en otro punto de evaluación.
Pero es presuntuoso creer que esto desplazará o reemplazará nuestra necesidad de habilidades blandas. La realidad contra-intuitiva en esta temible era de automatización es que las habilidades fundamentalmente humanas de colaboración, comunicación, empatía, y adaptabilidad se elevan a la vanguardia.
Demos un vistazo al Washington Post. Cuando Jeff Bezos compró el periódico en 2013, muchos habrán pensado que era el fin del periodismo realizado por humanos, y el advenimiento de las máquinas. Después de todo, Amazon es conocida por su eficiencia feroz, y su uso de pequeños robots Kiva para manejarse dentro de sus depósitos, organizando los ítems a ser enviados. Sin embargo, la adquisición de Bezos del Washington Post se anunció como un nuevo enfoque en la tecnología humanística, o el uso de tecnología para hacer más eficiente el periódico, no para reemplazar sino para complementar las habilidades humanas de sus periodistas.
Joey Marburger es su director de producto, y está analizando el aporte de la IA para liberar a los periodistas de lo mundano. Por ejemplo, la IA puede ser usada para transformar datos estructurados de, por ejemplo, las ganancias de una red de noticias, en un testo básico. En lugar de escribir la historia, la IA brinda datos fácticos y los transforma en algo narrativamente accesible. Le permite al Post rastrear miles, en lugar de cientos, de historias, y le permite al periodista enfocarse en el contexto más amplio, en hablar con expertos, en comunicar las sutilezas en lugar de datos crudos. A medida que la información se transforma en una commodity, es esta tonalidad humana, esta perspectiva, y elocuencia la razón por la que elegimos pagar un periódico como el Post.
La tecnología ha y seguirá erosionando las tareas rutinarias en nuestro trabajo. Hay una decreciente necesidad de contratar a alguien para buscar datos o para construir el esqueleto de una historia, ya que se trata de una tarea acotada y altamente rutinaria. Podemos usar la tecnología para estas tareas, así como también podemos pedirle a alguien que realice su pedido mediante un iPad en un restaurante, o comprar un robot que hace hamburguesas perfectas. Pero en todos estos casos, el rol humano muta, pero no desaparece. El check-in automático en los aeropuertos permite a los empleados enfocarse en el servicio al cliente y en situaciones específicas. Los restaurantes que son parcialmente de autoservicio no operan sin empleados, sino que cada empleado se enfoca en ser más amigable y atento.
Asumimos que los grandes ganadores serán quienes poseen habilidades tecnológicas, pero la realidad es más compleja. David Deming, economista y profesor en la Escuela de Graduados en Educación de Harvard, focalizó su investigación en la importancia de las habilidades sociales. Descubrió que no solo las habilidades cuantitativas o de matemática avanzada son valiosas, sino que el mayor crecimiento de empleos se da en lo que él llama “matemática avanzada, habilidades sociales avanzadas”. De acuerdo con su investigación, vivimos en un mundo cada vez más impulsado por los datos y la tecnología, y todos debemos ser capaces de hablar ese lenguaje, y tener conocimientos a grandes rasgos de cómo usar la tecnología. No todos debemos aprender a programar, pero todos debemos saber que es la programación, y los principales aspectos de cómo funciona la economía de la información. Pero su investigación también establece algo que suele pasar desapercibido en el frenesí por la Ciencia, Tecnología, Ingeniería, y Matemática (STEM) y el llamado a que todos aprendan a programar: las habilidades sociales, las cuales requieren de comunicación verbal y escrita, y de empatía, son igualmente valiosas.
En un mundo en el que las máquinas asumen las tareas rutinarias, a los humanos nos queda la complejidad, los contextos cambiantes que requieren de flexibilidad, improvisación, y novedosas formas de solucionar problemas. En este contexto más complejo, se dice que nos especializamos más, basándonos en el expertise de otros. De hecho, necesitamos realizar tareas intercambiables. En cada intercambio hay fricción, y esa fricción consiste en que tan bien comunicamos la necesidad o el resultado esperado a otro individuo. Aquellos de nosotros que poseemos habilidades sociales podemos reducir los costos de transacción para cada intercambio, colaborar de forma más efectiva, y mantener las habilidades más codiciadas en este complejo mundo tecnológico.
De manera contra-intuitivamente, las habilidades blandas son las que importan a la hora de resolver los problemas más complejos. Mientras corremos hacia la tecnología, nos convendría poner pausa y analizar la investigación de David Deming. Se trata de un equilibrio entre un elevado nivel de habilidades matemática y de habilidades sociales, una combinación que nos brinda las habilidades más buscadas en este mundo que se avecina.
Scott Hartley es inversor de riesgo, y consultor de startups, así como también autor de “The Fuzzy and the Techie: Why the Liberal Arts will Rule the Digital World”(Houghton Mifflin Harcourt, 2017).
Fuente HigherEd Jobs