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Por Eugenio Micheletti para staffingamericalatina
Si tuviéramos que describir un proceso tipo de M&A (mergers & aquisitions), diríamos que comienza con las partes compradora y vendedora conociéndose, evaluando el deal desde cada perspectiva, negociando en torno a sus expectativas tanto el valor compañía, como porcentaje de la empresa a vender/comprar y forma de pago, así como también la dirección de la transición entre vendedor y comprador (y el eventual contrato de management del vendedor).
Una vez acordados estos puntos comienza la concreción de la operación, la parte instrumental del acuerdo a través de la carta de intención, el due diligence y la celebración del contrato de compra-venta (SPA), hasta la negociación de los ajustes si los hay, y la firma del contrato y pago.
Sin embargo, tan importante como los aspectos mencionados y la consecución de cada etapa del proceso, es el tiempo que demanda cada una de ellas, y cómo se coordina el proceso y se concatena el comienzo de una tarea con la finalización con éxito de la anterior. La eficiencia de esta coordinación, y la administración de los tiempos con cada una de las partes es un valor agregado que aportan los asesores que intervienen en el proceso y muchas veces, esto constituye la clave del deal.
En mercados como el de Estados Unidos, desde la firma del NDA entre las partes interesadas y la firma del contrato de compra-venta de acciones, normalmente transcurren unos 45 días aproximadamente. Esto significa que en 6 semanas las empresas se conocieron, acordaron las condiciones de la compra, se realizó la auditoría de compra, se consensuó el contrato a firmar, y se firmó el contrato con la efectivización de los pagos correspondientes. Estos plazos para una operación en América Latina pueden llegar a 6 meses.
En cualquier caso, la demora de una etapa más allá de lo definido como “plazo razonable” puede complicar o echar por la borda las negociaciones, incluso replanteando o relativizando lo acordado hasta ese momento. Por ejemplo, si la auditoría de compra lleva más allá de un mes, el vendedor puede sentir que está destinando mucho tiempo y en un contexto de incertidumbre puede solicitar la culminación de las negociaciones. Otro ejemplo común es la demora por parte de los abogados en la negociación de algunas cláusulas contractuales. Ambas partes debieran instruir a sus asesores legales respecto de los riesgos que son “aceptables o asumibles” por considerarse propios de estos procesos (y por lo tanto cada parte ya decidió asumirlos), teniendo en cuenta que hay innumerables opciones para resolver cada caso minimizando las contingencias para ambas partes.
Definimos al “momentum” como el tiempo que ambas partes entienden como “apropiado” para llevar adelante cada una de las etapas que nos acercan al objetivo principal (concretar el deal).
Es interesante contemplar los momentos críticos en cada una de las etapas, es en los siguientes momentos cuando las demoras le quitan interés a la otra parte, o inclusive pueden romper las negociaciones:
Es común subestimar la importancia del “momentum” y permitir demoras o dilaciones sin justificativos. Ambas partes tienen que asumir el proceso con compromiso, y disponer de los recursos (asesores, dinero, información, tiempo, etc.) necesarios para avanzar eficientemente en cada etapa. Habiéndose puesto de acuerdo en temas claves como valor compañía y forma de pago, el deal puede fracasar por no dar importancia suficiente a este concepto estratégico.