Design Thinking, el camino hacia la Innovación
30, noviembreUn informe elaborado por Dinero en alianza con SAP, da cuenta de cómo el Design Thinking Mindset se está convirtiendo en la llave para innovar para las más variadas empresas ...
Y si tu jefe se resiste, aquí te presentamos un estudio de caso convincente – del profesor de economía Nicholas ...
Y si tu jefe se resiste, aquí te presentamos un estudio de caso convincente – del profesor de economía Nicholas Bloom – para que se lo muestres.
Rápido — imagina a una persona que está trabajando desde su casa. Si te imaginas a alguien en piyama, mirando videos en su laptop, no estás solo. “Muchas personas piensan que trabajar desde casa es sinónimo de eludir responsabilidades desde casa”, dice el profesor de economía de la Universidad de Stanford, Nicholas Bloom (charla TEDxStanford: Go ahead, tell your boss you are working from home).
Pero Bloom pensó que debía había algo más en el teletrabajo que mirar Netflix. El professor – que coordina el programa de Productividad, Innovación y Emprendedorismo del National Bureau of Economic Research de EEUU- trabajó desde su casa en un empleo anterior, y reconoció que esta modalidad es cada vez más común en todo el mundo. En EEUU, el número de trabajadores que hacen teletrabajo se ha triplicado en los últimos 30 años, a pesar de que aún representa solo al 2,4% de la fuerza laboral. “De los 150 millones de estadounidenses que trabajan, sólo 3,6 millones lo hacen desde su casa”, dice Bloom. Sin embargo, en países en desarrollo – donde la tecnología móvil y la mejora de la conectividad digital han coincidido con el aumento del tráfico y el crecimiento de los alquileres en ciudades –entre el 10% y el 20% de los trabajadores desarrollan sus tareas de forma remota, al menos algunas veces por semana.
Bloom encontró algunos estudios sin sesgo sobre el tema. “Todo lo que encontré eran estudios a favor de trabajar desde casa, generados por personas que estaban a favor de esta modalidad desde el inicio. Los que estaban en contra, se mantenían en silencio”, dice Bloom. Además, no se trata de un tema fácil para investigar. “Requiere un monitoreo cercano y muchos participantes para generar grupos experimentales y de control, y los participantes deben querer permanecer en el experimento por un tiempo prolongado”, explica Bloom. Finalmente, los investigadores deben encontrar una empresa que quiera experimentar con sus trabajadores.
Por fortuna, Bloom conocía a alguien con acceso a estos elementos críticos. En su clase de economía estaba James Liang, cofundador y CEO de Ctrip, la agencia de viajes más grande de China, con una fuerza de trabajo de16.000. “Un día, James y yo estábamos hablando, y él mencionó que Ctrip estaba interesada en permitir que sus trabajadores de Shangai trabajen desde casa,” dice Bloom. El espacio para oficinas en esta ciudad era sumamente caro, y la empresa estaba atravesando altas tasas de deserción, en parte debido a que los trabajadores debían pagar precios elevados por vivir en la ciudad, y, mudándose a los suburbios, experimentaban extensos traslados al trabajo. Pero sin datos duros para tomar decisiones, la empresa se resistía a aplicar cambios drásticos en su política de teletrabajo.
Bloom y Liang diseñaron una prueba aleatoria controlada para testear el trabajo remoto. Más de 500 empleados del call center de la empresa se ofrecieron como voluntarios, y la mitad de ellos se adecuaba a las calificaciones del estudio, que incluía tener un cuarto privado en casa desde donde poder trabajar, haber trabajado para Ctrip por más de seis meses, y tener acceso decente a banda ancha. Aquellos con fechas de cumpleaños pares fueron elegidos para trabajar a distancia cuatro días por semana; mientras que los que tenían fechas de cumpleaños pares permanecieron en la oficina, como grupo de control.
¿Podrían los trabajadores resistir las tres principales trampas de trabajar en casa: cama, televisión y heladera? Otro hecho que sumaba preocupación a los gerentes era que los trabajadores del call center estaban entre los más jóvenes de la empresa, y podían ser especialmente proclives a distraerse al no tener supervisión personal. El estudio se aplicó por nueve meses, y Bloom estimó que el experimente saldría parejo en términos de beneficios y desventajas.
Al revisar los resultados, la gerencia de Ctrip y Bloom se sorprendieron profundamente. “Era increíble. Ctrip se había ahorrado $1.900 por empleado espacio de oficina durante el transcurso del estudio, y sabíamos que esto sería así,” dice Bloom. “Pero para nuestra sorpresa, los trabajadores que habían trabajado desde sus casas habían aumentado su productividad un 13.5% respecto a aquellos que habían trabajado desde la oficina. Eso es como obtener un día más de trabajo por cada empleado.” Las personas que trabajaban desde su casa también informaban recreos más cortos, menos días por enfermedad, y se tomaban menos tiempo libre.
Las ganancias iban más allá de la productividad – las tasas de deserción entre quienes trabajaban desde casa eran 50% más bajas que entre quienes trabajaban en la oficina. En entrevistas con investigadores, los trabajadores remotos también informaban mayor satisfacción laboral. Sin embargo, para sorpresa de la gerencia de Ctrip, más de la mitad del grupo voluntario cambió su idea respecto al teletrabajo – se sentían demasiado aislados. Y para muchos de ellos, estar en casa no significaba estar lo suficientemente solos. “Algunos de los empleados, que vivían con sus padres, estaban más que listos para volver a la oficina”, informa Bloom.
En resumen: el estudio muestra que las empresas tienen poco que perder – y mucho que ganar – al permitirles a los trabajadores desarrollar sus tareas desde casa. “Mi consejo es que aquellas empresas que quieran implementarlo, examinen distintas formas de hacerlo,” dice Bloom. Algunas opciones: podría ser ofrecido en base a contingencias, tales como cuando se pronostica riesgos climáticos, o en días de verano, cuando los hijos de los trabajadores no están en la escuela; se podría ofrecer de forma individual y a testear; podría ser parte de un beneficio por ser promovido; o se podría ofrecer como parte de un aumento o bono. Y si la productividad cae, el trabajador puede volver de forma full-time a la oficina.
Probablemente, la cantidad de tiempo ideal para trabajar desde casa sea una o dos veces por semana, sugiere Bloom. “No te conviene que sea mucho más que eso, ya que te arriesgas a perjudicar la cohesión de tu equipo.” Así como las empresas compiten para contratar y retener a los mejores trabajadores, poder ofrecer la opción de trabajar desde casa puede ser un beneficio. “La necesidad de ir cinco veces por semana a la oficina comenzó cuando las personas tuvieron que empezar a ir a una fábrica a crear productos”, dice. “Pero las empresas que aun tratan a sus empleados en esos términos se encuentran en una situación de desventaja cada vez más grande”.
Fuente: Ideas TED