El desafío de habilidades de América Latina

16, mayo

Martin C. Spicer, Responsable Regional de Educación, Servicios, Manufactura y Agro-negocios en América Latina y el ...

Martin C. Spicer, Responsable Regional de Educación, Servicios, Manufactura y Agro-negocios en América Latina y el Caribe en la Corporación Financiera Internacional (IFC), escribió un artículo para Project Syndicate donde analiza el gran desafío que enfrenta América Latina en términos de descalce de habilidades.

Según Spicer, América Latina podría estar en el borde de una transformación radical. En los años por venir, casi la totalidad del crecimiento del empleo en la región se concentrará en puestos de trabajo de ingresos medios, especialmente en el sector de servicios. Los expertos señalan que los países de la región podrían crear entre 14 a 23 millones de puestos de trabajo bien remunerados de aquí a 2018. Esto, con la condición de que los empleadores puedan encontrar candidatos con las aptitudes demandadas.

De acuerdo con el autor del artículo, el problema es que los sistemas educativos latinoamericanos tienen dificultades para generar suficientes trabajadores calificados que contribuyan a aumentar la productividad. Es más, alrededor de 1/3 de las empresas de la región destacan el escaso nivel de capacitación de los empleados como una limitación importante.

Para impulsar el crecimiento económico, América Latina debe invertir en una fuerza laboral competente. “Al ampliar el acceso a una educación de alta calidad, tanto de instituciones públicas como privadas, los países de la región aumentarían la productividad, elevarían los niveles de vida y reducirían la desigualdad”, explica Spicer.

Un primer paso para encarar este desafío radica en que los países de la región entiendan que con aumentar el presupuesto en educación y mantener a los estudiantes más tiempo en el aula no alcanza. Por ejemplo, México y Brasil gastan alrededor del 5-6% de su PBI en educación, un porcentaje mucho más alto que el que destinan una gran parte de los países desarrollados. Sin embargo, la calidad de sus programas educativos no refleja este gasto y no se está focalizando lo suficiente en la educación terciaria.

Lo cierto es que, de acuerdo con Spicer, los gobiernos latinoamericanos gastan alrededor de 1/3 menos (en términos de porcentaje del PBI) en educación terciaria que las economías avanzadas. Durante la primera década de este milenio, el gasto por estudiante en la región cayó, mientras que el número de matrículas se incrementó. El impacto de estos fenómenos sobre la calidad educativa fue negativo.

El segundo pasa que es los países latinoamericanos promuevan –y ejecuten- estándares de calidad claros para la educación pública y privada. Esto debería acompañarse de soluciones de financiamiento que hagan más accesible la educación superior de calidad a todos los sectores socioeconómicos.

En tercer lugar, América Latina debería desarrollar programas educativos conectados con las necesidades del mercado. Esto es aún más importante en el entrenamiento vocacional para áreas técnicas, donde América Latina está más rezagada que otras regiones del mundo.

“La brecha de habilidades no puede analizarse sólo desde el punto de vista educativo. La velocidad con la que se producen los cambios en el mercado laboral siempre será significativamente mayor a la de la renovación de contenidos educativos. Es necesario conocer en profundidad cuáles son las skills necesarias hoy y fundamentalmente prospectar las que se demandarán a futuro para poder diseñar instancias de formación para el empleo y el emprendimiento basadas en la demanda. Los servicios públicos y privados de empleo pueden ser actores claves durante las transiciones, formando con pertinencia para incrementar empleabilidad y productividad. América Latina tiene gran potencial si invierte en capital humano”, reflexionó Martin Padulla, founder y managing director de staffingamericalatina.

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