Plataformas digitales para el empleo del futuro

08, julio

Por Carmen Sánchez-Silva La eclosión de trabajos atípicos en la Red, que generan ingresos para el 2% de la ...

Por Carmen Sánchez-Silva

La eclosión de trabajos atípicos en la Red, que generan ingresos para el 2% de la población, requiere una expansión de los derechos sociales

No es el futuro del empleo. Ya es el presente. Freelancers, teletrabajadores, empleados bajo demanda, por horas, por proyectos… La organización tradicional del trabajo está muriendo y los empleos no convencionales, independientes y con ingresos intermitentes, han llegado para quedarse con las nuevas plataformas digitales (gig economy). En la Unión Europea, este tipo de trabajo crece a unos ritmos muy superiores al resto, pasando de ocupar al 23% de las personas de entre 25 y 39 años en 1995 al 32% en 2016, lo que apunta a que en 2030 podría ser mayoritario, según se desprende del estudio realizado por la asociación sin ánimo de lucro que explora el impacto de la tecnología en la sociedad Ouishare para Cotec.

España, un mercado laboral que encabeza el fenómeno de la contratación temporal (y una de las menores duraciones contractuales europeas), puede convertirse sin dificultad (empieza a hacerlo) en uno de los caladeros principales de este empleo. Hoy, nueve de cada diez contratos firmados son temporales y cuatro de cada diez tienen una duración inferior a un mes. En total, el 43% de los nuevos contratados lo son por duración determinada o por una jornada inferior a la normal.

Los nuevos perfiles no estarán sujetos a una jornada de ocho horas como la inmensa mayoría de los asalariados de carácter indefinido españoles; al contrario, contarán con varias fuentes de ingresos y unos niveles de protección muy inferiores, lo que lleva a Ouishare a indagar sobre las fórmulas de protección social que deberían crearse para darles cobertura y evitar la creciente precarización a que están contribuyendo las plataformas, como se está comprobando en los casos de Glovo, Uber o Deliveroo. Ante la falta de respuesta legislativa por ahora, también se están creando plataformas que permiten proporcionar esa seguridad, ya sea en forma de seguros específicos, sistemas de agrupación y representación o herramientas de trabajo y formación con las que defenderse. “Cuando se rompe la continuidad laboral”, aprecia el responsable de Ouishare, Albert Cañigueral, “hay que reconstruirla, como están haciendo los riders de Glovo o Deliveroo, organizándose para defender sus derechos y quién sabe si iniciando lo que se convertirá en los gremios del futuro”. Pero si queremos que la manera precaria en que se está estructurando este nuevo empleo deje de serlo, debemos de dotarles de derechos que no les penalicen, añade.

Aunque las plataformas para intermediar entre la oferta y la demanda de este trabajo flexible se multiplican, su uso todavía es marginal. Se calcula que entre el 1% y el 3% de la fuerza laboral genera ingresos a través de ellas. En España, el 17% de la población en edad de trabajar obtiene dinero de las plataformas al menos una vez por semana; es uno de los países donde más se está desarrollando este modelo de trabajo, sobre todo en el sur del país, donde los niveles de paro son muy altos, explica Cañigueral.

Lo cierto es que hay un sinfín de nuevos operadores en el mercado. Ofrecen desde microworkers (plataformas de microtareas online) hasta trabajadores bajo demanda como los de Glovo, Cabify o MyPoppins; hay portales enfocados al denominado personal de cuello azul, como CornerJob, Wonolo o JobToday; o de freelancers y trabajadores de cuello blanco (proyectos o encargos se entregan en remoto) como UpWork, Freelancer o Wisar y más especializadas como TopTal, UpCounsel, Catalant, FieldEngineer; incluso PwC tiene su plataforma de consultores, TalentExchange. La amalgama es enorme.

Y es que cada vez hay menos empleo y cada vez es menos estándar, sostiene Luz Rodríguez, catedrática de Derecho del Trabajo de la Universidad de Castilla-La Mancha y colaboradora de Cotec, que incide en que no todas las plataformas ofrecen trabajos precarios; de hecho, las más activas son las que intermedian proyectos para profesionales especializados que trabajan cuando y cuanto quieren, dice. Así funciona Wisar, que gestiona 1.000 ofertas diarias donde los precios por hora van de 15 a 200 euros en función de la experiencia del candidato, explica su directora general, Sandra Arévalo. Como en el caso de Freelancer los servicios más demandados son de diseño gráfico, traducción y programación, indica Sebastián Siseles, su vicepresidente.

Sin embargo, Rodríguez piensa que el gran reto es arbitrar una protección social para todos los trabajadores, independientemente del modelo de contrato de que dispongan. La OIT está trabajando en ello, pero cree que la Unión Europea también debería intervenir para expandir derechos fundamentales, como la salud en el trabajo, la no discriminación o la organización en defensa de los propios intereses de los trabajadores atípicos. “Generemos derechos para aplicarlos a todos, al contrario de lo que ha hecho la nueva directiva de condiciones laborales, que ha excluido a los autónomos”, explica.

Fuente: El País