Los empleos verdes son los mejores remunerados en la región.

20, abril

Los empleos verdes pagan hasta 20,5 por ciento más según estudio en nueve países de la región. La diferencia se ...

Los empleos verdes pagan hasta 20,5 por ciento más según estudio en nueve países de la región. La diferencia se explicaría por mayor educación y condiciones adversas, pero no por el sector de empleo. La transición verde beneficia al sector formal, pero aún deja fuera a mujeres y al sector informal

 

Según un reporte elaborado por Luiz Felipe Fernandes en SciDev.Net, los trabajadores latinoamericanos en “empleos verdes” reciben, en promedio, un 15,8 por ciento más que aquellos en ocupaciones tradicionales. Los hallazgos surgen de un estudio publicado en la última edición de la revista Structural Change and Economic Dynamics.

La investigación analizó los mercados laborales de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Perú y Uruguay.

Los resultados muestran que el “wage greenium” —término en inglés que se refiere al premio salarial asociado a empleos verdes; en español, prima salarial verde— está presente en la mayoría de países, aunque con intensidades distintas.

México registró la mayor diferencia, con un 20,5  por ciento más que en ocupaciones no verdes. Brasil (16,3 por ciento) y Uruguay (14,8 por ciento) se acercan al promedio. Chile (9,5 por ciento), Ecuador (8,8 por ciento) y Argentina (8,2 por ciento) presentan diferencias menores, mientras que Bolivia, Colombia y Perú no muestran variaciones salariales significativas.

Según el estudio, la proporción de empleos verdes es mayor en la construcción (67 por ciento), otras industrias (39 por ciento) y actividades primarias (26 por ciento), y menor en educación, salud y servicios personales (9 por ciento), pero esto no significa que estos sectores tengan necesariamente salarios verdes más altos o más bajos.

El estudio define “empleo verde” no por el sector, sino por tareas vinculadas a la sostenibilidad ambiental, como la eficiencia energética, la gestión de recursos naturales o la reducción de emisiones.

El economista Pablo de La Vega, coautor del estudio, explicó a SciDev.Net que esta definición tiene la ventaja de permitir la identificación de empleos verdes incluso en sectores “marrones”, es decir, grandes emisores de gases de efecto invernadero.

“Un ingeniero que instala paneles solares tiene un empleo verde, al igual que alguien responsable de reducir la contaminación ambiental en una fábrica industrial”, ejemplificó de La Vega, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional de La Plata, en Argentina.

Si bien el estudio no atribuye directamente la diferencia salarial a la sostenibilidad del empleo, De La Vega explicó que la literatura científica sugiere que la acumulación de capital humano —nivel educativo, formación profesional y experiencia— es un mecanismo que puede explicar esta situación.

Según la investigación, mientras una persona con nueve años de estudios gana alrededor de 9 por ciento más en un puesto verde, aquella con 18 años de escolaridad recibe un 27 por ciento adicional.

Otra interpretación para la diferencia salarial son los llamados “diferenciales compensatorios”, variaciones salariales destinadas a equilibrar características no monetarias de un empleo, como riesgos e incomodidades.

En ese sentido, los empleos verdes pueden presentar características que justificarían una remuneración más alta.

“Si, por ejemplo, estos empleos están concentrados en industrias altamente contaminantes, implicando una mayor exposición a condiciones de trabajo adversas —como la contaminación—, es razonable esperar un premio salarial que compense la desutilidad —concepto económico referido a la disminución de la calidad de vida o bienestar— que enfrentan los trabajadores”, ilustró el investigador.

Según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la transición energética podría aumentar en 10,5 por ciento la cantidad de nuevos empleos hacia 2030 en la región.

Sin embargo, el nuevo estudio muestra que los beneficios económicos de la transición verde son desiguales, concentrándose predominantemente en el sector formal. Esta disparidad, según De La Vega, representa un punto crítico para las políticas públicas.

“A menos que la informalidad y la segmentación del mercado laboral se aborden directamente, la transición verde puede intensificar las desigualdades salariales y las disparidades estructurales en el mercado laboral en América Latina”, advirtió.

A esto se suma la desigualdad entre hombres y mujeres. Aunque el estudio no analizó las diferencias de salario por género, se observó que solo algo más del 13 por ciento de las mujeres empleadas en América Latina trabaja en ocupaciones verdes, frente al 31 por ciento de los hombres.

Para De La Vega, los gobiernos de la región deben incorporar la promoción de empleos verdes a las políticas laborales ya existentes.

Además, ante el atractivo financiero de los empleos verdes, podrían implementarse políticas públicas que ayuden a hacer más verde el mercado laboral, favoreciendo en especial a trabajadores con menores niveles de escolaridad.

Desde nuestra perspectiva, en tanto incrementen la formalidad, cualquier política publica tendiente a promoverlos es válida. Las agencias privadas de empleo podrían acelerar la creación de empleos verdes formales otorgando mas dinamismo, seguridad y flexibilidad a los mercados laborales de nuestra región.

 

Foto de Artem Beliaikin en Unsplash