La prohibición de los despidos en Argentina está causando más problemas que beneficios

16, diciembre

Según un reporte de El Economista de España la prohibición general de Argentina de despedir trabajadores durante la ...

Según un reporte de El Economista de España la prohibición general de Argentina de despedir trabajadores durante la pandemia parece estar generando más problemas de los que resuelve en lo que ya era uno de los peores mercados laborales del mundo.

La tercera mayor economía de América Latina tiene una tasa de inflación cercana a 40%, su banco central está peligrosamente corto de dólares y se habla de forma casi constante de una devaluación de la moneda. El Gobierno está tratando de reestructurar los 44.000 millones de dólares que debe al Fondo Monetario Internacional tras el colapso de un programa de préstamos el año pasado.

A la mayoría de las economías emergentes les resulta difícil encontrar dinero en efectivo para los programas de ayuda a la pandemia, incluidas medidas para proteger los empleos, como lo han hecho los países más adinerados. Es especialmente difícil para el presidente argentino, Alberto Fernández, cuyo Gobierno celebra su primer aniversario el jueves.

Su Administración está ejecutando programas de estímulo que se parecen ampliamente a los desplegados en otros países, incluido un programa de Ertes para subsidiar a las empresas que mantienen a su personal. Pero se ha tenido que imprimir dinero para financiarlos, alrededor de 1,76 billones de pesos (21.500 millones de dólares) hasta ahora, y eso alimenta los temores de una inflación aún mayor el próximo año.

El Gobierno está retirando a empresas y trabajadores informales de dos programas de ertes a medida que las reservas de dólares se agotan, una razón por la que ha decidido apostar por otras medidas para proteger los empleos. Desde marzo, Argentina ha prohibido a las empresas despedir trabajadores, una prohibición que ningún otro país importante ha mantenido durante tanto tiempo, y recientemente extendió la medida hasta 2021. También exige que las empresas paguen el doble de la indemnización ordinaria si un trabajador es despedido “sin una causa justa”, según un decreto del Gobierno.

Empresas en quiebra

Algunos economistas dicen que las políticas ponen en peligro los empleos que intentan proteger y que el Gobierno puede enfrentarse a presiones para que los revierta durante las conversaciones con el FMI. Al no poder despedir a los trabajadores, las compañías han recurrido a las suspensiones, que durante la prohibición de despidos se dispararon hasta 10 veces desde los niveles previos a la pandemia, lo que pospuso efectivamente futuros recortes de empleos.

“Van a tener mucha destrucción de empleo formal el año que viene”, dice Eduardo Levy Yeyati, execonomista jefe del Banco Central de Argentina y miembro de Brookings Institution. El Gobierno “va a tener que dejar reducir las plantillas porque, si no, muchas empresas van a quebrar”.

El desempleo en Argentina, como en la mayoría de los países, se ha disparado este año. Pero la tasa oficial de 13% no incluye a 2,5 millones de trabajadores, una quinta parte de la fuerza laboral registrada, que han abandonado el mercado laboral formal por completo. Si esas personas también se contaran, la tasa de desempleo sería superior al 28%, según un nuevo informe de la Universidad Católica de Argentina. También hay un gran sector informal, como en muchos países de América Latina, y el empleo también está colapsando: cayó 35% en el segundo trimestre de este año, según datos del Gobierno.

“Siempre en estas medidas del encarecimiento o las restricciones a despidos, siempre el argumento es, ¿en qué medida pueden ayudarte hoy, pero pueden generar incentivos negativos para la contratación mañana?”, dice la economista laboral argentina Roxana Maurizio, consultora de la Organización Internacional del Trabajo de la ONU.

De alguna manera, el debate es parte de uno más amplio que ha estado sucediendo durante décadas en Argentina. Los críticos acusan a los Gobiernos populistas de izquierda, como la coalición de Fernández, de implementar políticas, desde controles de precios hasta protecciones comerciales y reglas laborales que otorgan amplios poderes a los sindicatos, que aplacan a su base de votantes a costa de la economía en general.

‘Todo desapareció’

La izquierda argentina, a su vez, puede señalar los fracasos de Gobiernos de derecha como el que estuvo en el poder durante los cuatro años hasta 2019. Redujo el gasto, implementó políticas favorables al mercado y obtuvo un rescate récord del FMI, y aun así experimentó un colapso económico.

Claudio Moroni, ministro del Trabajo de Fernández, reconoce que la actual crisis de desempleo del país puede ser la peor de su historia, pero dice que la prohibición no es la culpable. “Atribuirle los problemas de la economía argentina al diseño del mercado de trabajo es un exceso, es una desmesura”, dijo Moroni en una entrevista. “Hemos minimizado los efectos de la pandemia”.

Hubo un atisbo de esperanza en los datos de septiembre publicados la semana pasada, que mostraban que el sector privado agregó 6.500 empleos, el primer aumento mensual en dos años. Aun así, el empleo privado en 2020 sigue registrando una bajada de más de 200.000 plazas, y hay otras razones para pensar que el problema podría empeorar.

El Foro Económico Mundial ubica a Argentina en el puesto 136 entre 141 países en términos de flexibilidad laboral

El número de empresas se había reducido en medio de una recesión de tres años, y Argentina ahora tiene alrededor de 42.000 empleadores menos en el sector privado que a fines de 2017, según datos del Gobierno. La tasa de argentinos que ingresan a la fuerza laboral está en su nivel más bajo registrado según Maurizio, la economista de la OIT. El Foro Económico Mundial ubica a Argentina en el puesto 136 entre 141 países en términos de flexibilidad laboral.

Probablemente no haya un cambio en las políticas que pueda hacer mucho por Sergio Bono. Este piloto de 56 años de edad trabajaba en Latam Airlines hasta que la aerolínea se retiró de Argentina este año, citando el clima antiempresarial del país y los sindicatos poderosos. “Yo estaba haciendo lo que amaba, estaba en una empresa muy buena, estaba haciendo lo máximo que puede hacer un piloto”, dice Bono, quien voló por última vez un Airbus 320 en marzo. “Tenía un sueldo que para el entorno en Argentina era muy bueno. Todo desapareció en tres meses”.