Las reformas para estimular la inversión y la productividad parecen imprescindibles para continuar con el crecimiento. El capital humano será la llave del desarrollo.
El Centro de Estudios Latinoamericanos (CESLA) pone énfasis en una situación interesante: el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha cambiado el modo de interacción con América Latina; en parte, porque actualmente lo hace a través de Alejandro Werner, un mexicano hijo de emigrantes argentinos que recuerda bien los tiempos en los que la región dependía de la financiación del Fondo, y debía seguir al pie de la letra sus directrices. Actualmente, la relación es de “diálogo” en el que el FMI se limita a aportar “experiencia y sugerir”, según su experto en el Hemisferio Occidental.
Sin embargo, Werner es contundente en los consejos que lanza desde la Fundación Ramón Areces: “Factores externos como el boom de las materias primas se acabaron; ha llegado el momento de las reformas de calado en educación, infraestructuras y energía”.
El organismo internacional prevé un crecimiento de 2,5 por ciento en 2014, el menor avance en los últimos doce años, con la excepción de un año tan difícil como fue 2009. El boom de las materias primas se ha enfriado. Las economías más ligadas a Estados Unidos no sienten aún los efectos de la recuperación en ese país. México tuvo un crecimiento bajo en 2013 y en el primer trimestre de este año. De Brasil, según Werner tampoco se espera demasiado: un 1,8 por ciento este año. Habrá desaceleraciones en Argentina y Chile, e incluso contracción en Venezuela. En países pequeños, la situación no es muy distinta: Paraguay llegó a crecer un 14 por ciento por el auge de su sector agropecuario; este año lo previsible es un 5 por ciento. Incluso Panamá, el país que durante más tiempo mantuvo su expansión, también desacelera.
Sin embargo, América Latina puede aún tener por delante varios años de acceso barato a la financiación. Esto se debe a que la política de la Fed está ya cambiando en lo que concierne a la retirada de estímulos cuantitativos, pero el regreso de los tipos de interés a niveles normales no empezará hasta el año que viene y, además, será lento. Por supuesto, es posible que ocasionalmente haya volatilidad en los mercados; con todo, hablando en general, la región está en condiciones de hacerles frente: las reservas de moneda extranjera están en niveles históricos; la banca está bien pertrechada y los bancos centrales tienen recursos a su disposición.
Evidentemente, de acuerdo al análisis de Werner, existen factores más profundos que están jugando fuerte en la región; no es casualidad que la mayoría de sus economías se halle en situación de casi pleno empleo. Ha agotado ya su potencial. Superar esa cota será muy complicado sin reformas que estimulen tanto la inversión como la productividad.
Una reforma que debería ser común a toda la región es la educativa. Ninguno de sus países, ni siquiera Chile, sale aún bien parado en las clasificaciones internacionales. En la próxima década, el crecimiento va a depender de la mejora del capital humano y de nuestras infraestructuras, sin menoscabo de otros campos en los que hay que trabajar como es el energético, donde se sigue subsidiando la producción ineficiente o el acceso al crédito de la clase media.
Existen señales de gran alerta en varios países.
Argentina, según Werner, está avanzando en la dirección correcta: ha contenido la caída de reservas internacionales y eliminará los subsidios sobre el agua y el gas. Éstas, entre otras medidas, en el corto plazo pueden afectar a su crecimiento, pero tendrán beneficios más adelante para el país y, mientras, no esperamos ningún contagio a las economías limítrofes.
Venezuela sí preocupa. Sus desequilibrios son muy grandes: la mayor inflación del mundo, una economía en recesión (también caerá este año el PIB), pierde reservas de divisas y, además, un régimen de exportación de petróleo a países pequeños de la región que los hace muy dependientes de las condiciones de financiación que Caracas establece y, si estas últimas cambian, los pondrá en apuros.
¿Cómo explica que América Latina no sea aún un verdadero bloque económico?
Tenemos economías muy heterogéneas y, además, históricamente, no ha habido una fuerza hacia la integración como la europea que, más allá de lo económico, camina hacia lo geopolítico. Ya existen redes financieras y empresariales integradas de forma natural en América Latina, pero no ha ocurrido lo mismo en el ámbito político.
Fuentes: El Economista (Mx) y CESLA