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Según un informe elaborado por Tomer Urwicz para el periódico El País de Montevideo, las madres adolescentes uruguayas se transforman en NINIs y el problema se está agudizando en los niveles socioeconómicos más bajos.
Un estudio de la Universidad de la República de Uruguay (Udelar) revela que “las políticas públicas no han sido efectivas” y expone una serie de datos muy relevantes para la toma de decisiones.
De cada 1.000 adolescentes uruguayos, 62 son padres. Esto implica un leve aumento en los últimos dos años y la situación es más compleja si se tiene en cuenta que la tasa de fecundidad global viene en una precipitada caída.
Dos décadas atrás, el promedio de hijos en el Uruguay era de 2,5; hoy es de 1,96. El país está acercándose a la realidad del resto de América Latina (70 de cada 1.000) y alejándose de Europa (20 de cada 1.000), al contrario de lo que ocurría hace 50 años.
El promedio de hijos descendió 20%, pero en los adolescentes de todo el país solo bajó 12%. Si se mira a los sectores más desfavorecidos, el porcentaje es aún menor.
En Casavalle, uno de los barrios en Montevideo con el 60% de las necesidades básicas insatisfechas, el 17% de las jóvenes menores de 19 años son madres. En Pocitos, uno de los barrios más acomodados de la capital uruguaya, la cifra no alcanza el 5%.
La maternidad en adolescentes es “una de las expresiones de la desigualdad social”, dijo la demógrafa Carmen Varela, una de las investigadoras del estudio que encabeza la Facultad de Ciencias Sociales y de Psicología de la Udelar.
Los datos duros “demuestran que las políticas públicas fueron poco efectivas”, explica la psicóloga Alejandra López. No en vano, más del 90% de las encuestadas dice conocer los métodos anticonceptivos y tiene acceso a la información, pero prefieren “no usarlos” o “tienen dificultades para negociar su uso con los varones”. Y a la hora de estar embarazadas, la “inmensa mayoría prefiere no abortar, en cifras similares a 2004”, cuando todavía no existía la ley que despenaliza esta práctica.
En el discurso, tres de cada cuatro mujeres dice haber preferido tener a su hijo en otra edad. Sin embargo, cuando se les pregunta por qué lo tuvieron, “queda claro que en el inconsciente estaba el deseo de ser mamá”, señala Varela. “Estamos ante una población que está recluida en el barrio, que solo se relaciona con gente de la zona, que no tiene muchas amigas y que el hijo es su única protección”.
En palabras de una adolescente de 19 años, madre de un hijo de un año y que está embarazada: al tener un hijo “te podés quedar en tu casa cambiando un pañal que es mucho más lindo que salir a ver gente”.
El ser madre es “la única variable que implica dejar de estudiar y trabajar”, comenta el psicólogo Pablo López. En los niveles más altos “la maternidad es vista como la irrupción de todo futuro”. En este sentido, los investigadores explican que dos de cada 10 abortos que se practican en Uruguay corresponden a adolescentes “y los médicos nos dicen que la inmensa mayoría son de estratos medios y altos”.
El filósofo e investigador mexicano Juan Guillermo Figueroa, presente en Uruguay por un congreso sobre la temática que se lleva a cabo en Montevideo, explica que “en el parto las mujeres buscan que las acompañe alguien que les dé confianza y, por lo general, son personas que ya pasaron por su misma situación”.
Más de la mitad de las madres adolescentes son hijas de una madre adolescente. Esto genera que los recién nacidos tienen abuelas de, en promedio, 32 años. Varela concluye: “La probabilidad de que el fenómenos se repita con sus hijos es bastante alta, salvo que cambie la situación”.
De los uruguayos menores de 19 años, solo el 2,6% de los varones son padres. En las mujeres el porcentaje se cuadriplica.
Las mujeres que terminan la universidad tienen su primer hijo a los 27,5 años de media. Entre quienes abandonan el sistema educativo la media es a los 20 años. “Esto sigue haciendo pensar que la educación es el mejor anticonceptivo”, dice el psicólogo Pablo López.
Sin embargo, el investigador aclara que el propio sistema “no está preparado para lidiar con una adolescente que es madre y quiere seguir estudiando”.
Ocho de cada 10 adolescentes que aún no fueron madres sigue estudiando o ya finalizó los estudios. Y de quienes abandonan, la mayoría trabaja. A la inversa, señalan los investigadores de Udelar, en las mujeres que tienen hijos y viven en contextos vulnerables, “el trabajo es una opción a largo plazo, por lo menos 10 años después”.
El desafío de la educación sigue siendo la clave en la región.
Fuente: El País