Educación y Trabajo: ¿queremos realmente entrar al siglo XXI?

15, noviembre

El mundo de la Educación y el mundo del Trabajo no muestran la conexión necesaria para ser más productivos y ...

El mundo de la Educación y el mundo del Trabajo no muestran la conexión necesaria para ser más productivos y alcanzar mayor nivel de competitividad. Los debates miran hacia el futuro, sin embargo, las acciones parecen ancladas en el pasado. Los ciudadanos también miran.

Por Martín Padulla para staffingamericalatina

América Latina está viviendo un año muy especial. En poco tiempo tendrá lugar la Cumbre de Líderes del G20 en Buenos Aires, la primera en Sudamérica.

Durante todo este año, se han dado reuniones de diferentes grupos de trabajo que han realizado recomendaciones para políticas públicas tendientes a transitar un futuro muy desafiante con inclusión e igualdad de oportunidades con eje tanto en la educación como en el trabajo del futuro.

El Civil 20 (C20) ha recomendado desarrollar políticas públicas de calidad que garanticen iguales oportunidades para todos los jóvenes y al mismo tiempo reconozca la diversidad de trayectorias y sistemas tutoriales de acompañamiento que aseguren la permanencia y certificación escolar. Ha planteado que el sistema educativo debe contemplar cuestiones como la maternidad/paternidad adolescente, las barreras que deben atravesar las mujeres y sistemas de ingresos para que todos los jóvenes puedan priorizar la educación al trabajo. Debe incluir, acompañar y evaluar las habilidades socioemocionales como parte del proyecto de enseñanza en todos sus niveles y modalidades. También plantearon que, en forma complementaria, el sistema educativo debe prever el acompañamiento a los proyectos formativos ocupacionales en el marco del proyecto de vida que cada joven elija. Asimismo han hecho hincapié en las prácticas educativas como una de las mejores estrategias de articulación entre el mundo del trabajo y los contenidos curriculares.

El C20 alertó sobre la necesidad de políticas de incentivos al primer empleo y de intermediación laboral acompañadas por sistemas tutoriales en los que las escuelas, las organizaciones sociales y los actores del sector productivo acompañen estas trayectorias y eviten la reproducción de circuitos viciosos por falta del imprescindible capital social.

Por otro lado, en Córdoba, los jóvenes se reunieron en el denominado Y20 y presentaron un conjunto de recomendaciones de políticas públicas para la Cumbre de líderes que se celebrara el mes que viene. Anunciaron el Social Innovation Warehouse (SIW), un banco internacional de proyectos escalables y replicables diseñados por ellos mismos como insumo para gobiernos y organizaciones que buscan innovar sus políticas públicas para jóvenes.

El debate entre los jóvenes se basó en cuatro ejes, todos relacionados con el futuro: el Futuro del Trabajo, las Habilidades para la Educación en el siglo XXI, el Desarrollo Sostenible y el Emprendedurismo.

El Buenos Aires, se reunieron los Think Tanks en el marco del T20 y bajo la premisa de debatir acerca de “El Futuro del Trabajo y la Educación para la Era Digital”, pusieron foco especialmente en el desarrollo de habilidades del siglo XXI y el financiamiento educativo.

Tomando como referencia los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas y más específicamente, el número 4 que busca “garantizar una educación inclusiva y de calidad para todos, y promover el aprendizaje permanente” (Naciones Unidas, 2017), alertaron que esto sólo es posible mediante un apoyo sostenido y de largo plazo.

La consideración dentro de la agenda T20 del acceso universal a la educación de calidad es un importante paso adelante, ya que permite pensar el futuro de los sistemas educativos y sus políticas desde una perspectiva global y colaborativa. Tenemos todavía, desafíos del siglo XIX pendientes, 57 millones de niños no asisten a la escuela.

Las recomendaciones del T20 también hacen referencia a la llamada “crisis del aprendizaje”: muchos de los niños que asisten a la escuela no transitan por experiencias de aprendizaje profundo. Según el Informe de Seguimiento de la Educación para Todos de la UNESCO, 130 millones de niños asisten a la escuela primaria, pero no pueden leer, escribir ni hacer ejercicios matemáticos básicos (2014).

Este Grupo de Trabajo brindó recomendaciones para analizar las oportunidades que surgen de la nueva relación entre los cambios tecnológicos, el trabajo y la educación en el Siglo XXI. La era digital abrió nuevas perspectivas y preguntas acerca del aprendizaje, el desarrollo profesional de los docentes y las certificaciones, entre muchas otras dimensiones de la política educativa.

Plantearon algo que con insistencia planteamos hace años desde estas columnas y en distintos foros de América Latina: los sistemas educativos deben integrar las demandas sociales y laborales en las prácticas escolares para garantizar que los estudiantes, en especial los de origen más desfavorecido, desarrollen las habilidades para participar en sus economías y democracias locales.

Las habilidades cognitivas de alto orden (highorder thinking skills), como la creatividad y el pensamiento crítico, enfrentarán una creciente demanda como resultado de la digitalización y las innovaciones tecnológicas y el sistema educativo debe adaptarse rápidamente.

Una recomendación de este grupo me pareció interesante y es la que plantea que los líderes del G20 deben abogar y colaborar para garantizar que los marcos de políticas educativas, acompañados de una agenda de reformas a gran escala, se conviertan en planes de acción realistas y factibles. La conexión con el mundo real, cosas concretas, bajar a tierra tanto debate que por momentos parece estéril.

¿Es posible cambiar de arriba hacia abajo? Podemos por ejemplo, a través de políticas públicas, ¿alentar a las mujeres jóvenes y adultas a realizar y continuar estudios terciarios en áreas de tecnología avanzada, y en aquellos temas clave que impulsan la transformación digital, alteran la sociedad y generan un riesgo de mayor exclusión social? ¿Van a hacerlo las instituciones de formación terciaria y universidades? ¿Están dispuestos a innovar? Quieren realmente saldar las deudas de los siglos XIX y XX para entrar por fin al siglo XXI? ¿Se van a comprometer las empresas?

Los empresarios también se reunieron en el marco del B20, trabajaron en ocho task forces y propusieron directrices que consideran fundamentales: promover la igualdad de oportunidades y la inclusión; impulsar el crecimiento económico, y asegurar el uso sustentable de recursos y acciones en relación con el cambio climático. Alineados con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, los puntos focales que plantean son, entre otros, crear empleos y brindar educación de calidad, desarrollar la infraestructura, facilitar un ecosistema para la creación y el desarrollo de las MiPyMEs, y asegurar la igualdad de oportunidades para todos, con especial énfasis en la equidad de género y la inclusión de los sectores vulnerables de la sociedad.

En términos de empleo y educación, han planteado que “la empleabilidad debe ser un componente clave de los sistemas educativos” e hicieron un llamado a “desarrollar un modelo de ‘aprender a aprender’ que ayude a nuestra población a estar abierta al futuro y al aprendizaje continuo”.

Respecto a lo estructural, también han recogido un concepto que planteamos desde hace más de una década: “los mercados laborales abiertos, dinámicos e inclusivos, con marcos legales simples, transparentes, flexibles y predecibles, que permitan una diversidad de formas de trabajo siguen siendo clave para la inclusión”. El 75% de los planes de acción propuestos por el B20 pueden ser implementados a nivel nacional, mientras que el 25% restante debe ser debatido e implementado en foros multilaterales.

Por último, las organizaciones de trabajadores se reunieron en Mendoza en el marco del T20 y elaboraron un documento que plantea que “los rápidos cambios tecnológicos requieren nuevas regulaciones e inversiones en empleo, así como un marco para una transición justa que garantice el pleno empleo”.

Los líderes sindicales alertaron también acerca de la importancia de “salvar las brechas normativas para los trabajadores de plataformas” y “desarrollar hoy las competencias del mañana”,

La Subdirectora de OIT Deborah Greenfield planteó “estamos fallando al reducir la informalidad, las brechas de género se mantienen y hay toda una generación de jóvenes que lucha para encontrar un trabajo decente. El modelo dominante no es inclusivo y, como resultado, no es sustentable”.

Las recomendaciones de los diferentes grupos de trabajo, ofrecen puntos de consenso en el diagnóstico y en la implementación de algunas políticas a nivel macro pero ¿qué pasa con los actores sociales a nivel micro? Creo que es en este punto en donde los consensos se diluyen, los diagnósticos no son claros, la resistencia al cambio se manifiesta y el pasado se hace presente.

La agenda de la política que puede modificar marcos regulatorios arcaicos no está plenamente enfocada en esto y la energía se gasta en debatir acerca del pasado, parte sustancial del mundo académico se resiste a cambiar y se plantea por ejemplo hasta qué punto es importante formar competencias para el mercado laboral, muchas empresas muestran una visión claramente cortoplacista y no ponen foco en la productividad, la competitividad y la innovación y sindicalistas dejan sin clases a millones de niños y jóvenes aferrados a un concepto de trabajo de mediados del siglo XX que ya no existe.

Estamos ante un cambio de época que requiere de un cambio cultural. Todo parece indicar que si logramos estar a la altura de las circunstancias será a través de un cambio de abajo hacia arriba (bottom-up), involucrándonos, participando, transformando (nos). Los cambios culturales se apoyan en procesos sociales profundos. El más importante acaso podría ser, a partir de una profunda crisis de representatividad, que los representantes ya no rindan cuenta a colectivos políticos, empresariales o sindicales sino a los ciudadanos.

Si no cambiamos, nadie podrá articular ese cambio por nosotros. La escuela, la universidad, los jueces, el parlamento, los políticos, las empresas o el G20 no serán quienes transformen nuestras sociedades. Este llamado no lo hizo ningún grupo de trabajo: es imprescindible y urgente.

Acerca de Martín Padulla

Fundador y Managing Director de Staffingamericalatina. Martín Padulla es Sociólogo (USAL), MBA (UCA) y experto en mercados laborales. Publicó Trabajo Flexible en Sudamérica y Entornos normativos para Agencias Privadas de Empleo en América Latina, dos libros acerca de las nuevas realidades del trabajo. Esta trabajando en el proyecto #FOWiberoamerica.

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