Ampliar las competencias personales e interpersonales en la era del COVID-19

19, mayo

Importante orientación sobre las competencias personales e interpersonales necesarias para una vuelta al trabajo ...

Importante orientación sobre las competencias personales e interpersonales necesarias para una vuelta al trabajo segura.

Blog de Akustina Morni, Consejera de la OIE

Los profesionales de la salud y la seguridad en el trabajo tienen la función de prevenir accidentes y de reaccionar cuando estos ocurren. También formulan políticas y mecanismos que garanticen un entorno laboral seguro y organizan sesiones informativas para el personal.

No obstante, en la era del COVID-19, la salud y la seguridad en el trabajo adopta una nueva dimensión, e impone más responsabilidades sobre estos profesionales y sobre los directivos de toda organización. Tanto los directores generales como el personal de recursos humanos y los supervisores han de adoptar funciones de promoción de la salud y la seguridad para mitigar la propagación y gestionar los efectos de los riesgos asociados al COVID-19.

¿Qué competencias se necesitan para gestionar el impacto de una emergencia sanitaria sobre el personal? Existen algunas competencias esenciales que los directivos tienen que aprovechar o potenciar cuando ellos y sus equipos vuelvan al trabajo. Estas competencias son de carácter personal e interpersonal, y son recurrentes en los debates sobre las nuevas competencias necesarias para el futuro del trabajo.

¿Qué competencias son necesarias para la vuelta al trabajo?

El mundo está aprendiendo a coexistir con el coronavirus mientras se sigue buscando una vacuna o hasta que se logre la inmunidad colectiva[1]. Convivir con el virus también supone convivir con los riesgos para la salud física y mental asociados a este. Según el Foro Económico Mundial[2], el confinamiento de casi tres mil millones de personas ha sido, en cierta medida, el mayor experimento psicológico del mundo. En la segunda mitad de 2020, se prevén casos de síndrome de agotamiento profesional y absentismo derivado del estrés.

Resulta aún más interesante cuando menciona que, cuando ocurre una catástrofe, por lo general se montan dos carpas: una para atender a los heridos y otra para tratar el daño invisible y psicológico derivado del trauma. En la actualidad, la mayoría de los países están centrados en la primera carpa, pero nadie presta atención a la segunda. No podemos olvidar prepararnos para las consecuencias psicológicas de este confinamiento global, pues ello socavaría la recuperación económica y sanitaria.  Es ahí donde serán más necesarias las competencias personales e interpersonales de los directivos.

¿Cuáles son las ocho principales competencias necesarias para gestionar ambas «carpas»?

Liderazgo

  • Resolución de problemas gracias al pensamiento crítico y la dirección de equipos en momentos de incertidumbre.
  • Asignación rápida de fondos donde más se necesitan.

Adaptación

  • Ajuste y respuesta temprana ante circunstancias, ideas, responsabilidades, expectativas, tendencias, estrategias y demás procesos en constante cambio.
  • Capacidad de motivarse a uno mismo si se trabaja desde casa.

Anticipación

  • Previsión y planificación ante una segunda oleada o un nuevo brote (detección temprana y mitigación rápida).
  • Capacidad de anticiparse a los demás y formular soluciones, en forma de actividades de promoción, productos o servicios.

Gestión de riesgos

  • Detección de mecanismos de reducción de riesgos: distanciamiento físico o social, mascarillas, equipos de protección individual (EPI), jabón en zonas comunes (cuando puedan abrirse al público), comprobar el estado de salud y bienestar de los trabajadores, monitorizar los desplazamientos, promover el teletrabajo cuando sea posible.
  • Identificación de peligros ocultos o de amenazas invisibles (investigando casos, haciendo preguntas, inspeccionando el equipo y los centros de trabajo).
  • Planificación de procedimientos de emergencia, empezando por políticas simples.
  • Organización de reuniones y cursos de formación en materia de salud y seguridad para los empleados.

Análisis, recopilación e interpretación de datos

  • Compilación de estadísticas y redacción de informes.
  • Conocimiento de las leyes en materia de salud y seguridad del país.
  • Ubicación de «zonas limpias» en las inmediaciones del lugar de trabajo.
  • Identificación de las organizaciones reguladoras (hospitales, clínicas, laboratorios, autoridades en materia de salud y seguridad) más cercanas.

Coordinación

  • Coordinación con las autoridades sanitarias.
  • Gestión de las partes interesadas externas (socios antiguos y nuevos).
  • Negociación en situaciones de conflicto.
  • Creación de comités de salud (para generar una cultura de responsabilidad compartida).

Comunicación

  • Diplomacia y promoción de la salud.
  • Difusión temprana de la información y de instrucciones claras.
  • Promoción de prácticas para combatir la discriminación.

Alfabetización digital

  • Capacidad de aprender a usar nuevas aplicaciones móviles o de entender cómo se recopilan, utilizan y gestionan los datos.

Los directivos capaces de abrirse camino en esta nueva normalidad deberán ser capaces de:

¿Cómo pueden fomentar y aprovechar estas competencias cada uno de los agentes?

Para ser sinceros, las competencias solo pueden reforzarse con tiempo y práctica. En una charla TED [3], Josh Kaufman dijo que un deportista profesional o un experto en una materia necesita 10 000 horas para dominar una competencia. No obstante, sostiene que, si queremos adquirir una nueva competencia, se puede alcanzar un nivel razonable tras las primeras 20 horas.

Algunos cursos formativos pueden tener un precio alto, pero solo se los considera caros cuando la inversión no da rentabilidad. A largo plazo, la mejora de las competencias profesionales y la buena sinergia entre compañeros hace que los grupos sean más productivos. Y cuando sus equipos son productivos, las organizaciones son más eficaces, eficientes, sostenibles y resilientes. Esto dota a las empresas privadas, en particular, de una ventaja competitiva.

Además de mediante formación específica, existen otras formas de promover estas competencias, cuando sea seguro llevarlas a cabo:

  • Aprendizaje en el trabajo (virtual o presencial).
  • Aprendizaje virtual (como los MOOC, los cursos masivos abiertos en línea).
  • Instituciones de formación técnica y profesional.
  • Programas de mentoría.
  • Programas de aprendizaje.
  • Cursos de formación locales.
  • Practicar ante desconocidos.
  • Aprendizaje basado en la experiencia.
  • Fijar un «reto de las 20 horas» personal para adquirir una competencia.

Lo más importante es tener la actitud adecuada. Es normal que esta crisis afecte psicológicamente, pues es una situación estresante y agotadora. Pero juntos podemos concentrarnos en armarnos de nuevas competencias. Una «organización en constante aprendizaje» es esencial para salir reforzados de esta pandemia. Aprovechen la ocasión para adquirir una nueva competencia.

Lo conseguiremos.

Fuente: OIE