Argentina: fuertes incrementos en la inactividad de las mujeres jóvenes

15, septiembre

Según un informe privado, 200.000 mujeres jóvenes pasaron a la inactividad laboral en Argentina. El estudio muestra ...

Según un informe privado, 200.000 mujeres jóvenes pasaron a la inactividad laboral en Argentina. El estudio muestra el deterioro del empleo privado en el país.

 

Según un informe elaborado por el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA) “el deterioro laboral no se explicita a través de aumentos del desempleo sino de incrementos en la inactividad”.

La entidad se hizo eco de un informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC, organismo estatal), que sostuvo que en el segundo trimestre del año 2015 la tasa de desempleo fue del 6,6% de la población económicamente activa (PEA).

“Este nivel moderado de desocupación no se sostiene gracias a la generación de empleos sino a caídas en la tasa de actividad o participación laboral“, dijo el IDESA.

Según el reporte, entre los años 2011 y 2015, la PEA pasó del 46,6% de la población a apenas el 44,5%.

“Esto señala que el ajuste del mercado de trabajo no pasa tanto por aumentos en el desempleo sino por gente que decide dejar de buscar un empleo”, explicó.

“El fenómeno afecta con más intensidad a las mujeres, especialmente a las jóvenes con bajos niveles de formación. Persistir con instituciones laborales arcaicas y planes asistenciales de pobre diseño y gestión impone costos sociales importantes y genera discriminación de género”, consideró el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA).

A diferencia de lo que ocurre con las mujeres, la caída en la actividad laboral no afecta a los varones de entre 30 y 64 años de edad, cuya tasa de participación se mantiene en el 93%.

“Los varones entre 15 y 29 años de edad sufrieron una caída del 60% a 54%”, agregó.

Las mujeres entre 15 y 29 años de edad tuvieron una reducción en su tasa de participación laboral de 42% a 36% de la población en esa edad.

“Estos datos muestran que el crecimiento de la inactividad laboral está fuertemente concentrado en los jóvenes y las mujeres, en especial las mujeres jóvenes. La caída en la tasa de actividad de las mujeres menores de 29 años entre los años 2011 y 2015 equivale a casi 200 mil jóvenes menos participando del mercado de trabajo“, determinó.

Según el IDESA apenas 1 de cada 3 mujeres jóvenes participa del mercado de trabajo.

El deterioro del mercado laboral está asociado a la obsolescencia de las instituciones laborales. Altos impuestos al trabajo, burocracia, litigiosidad y reglas que deterioran la productividad explican que las empresas sean remisas a crear nuevos empleos”, consideró.

“Ante la falta de oportunidades laborales, los segmentos más vulnerables -las mujeres, porque se les impone las responsabilidades domésticas, y los jóvenes, porque padecen la falta de formación y experiencia laboral- son los que más sufren las dificultades. De allí que su participación laboral sea baja y decreciente”, estableció el Instituto.

El IDESA recordó que “previo a que el ajuste se tradujera en mayor inactividad laboral, el mercado de trabajo tampoco tuvo bases sustentables. Entre los años 2003 y 2008 hubo un importante aumento del empleo formal, pero sostenido por la licuación de costos laborales gracias a la mega-devaluación del año 2002 y el aumento de los precios de las exportaciones”.

“Cuando los salarios reales recuperaron niveles anteriores y los términos de intercambio dejaron de crecer, el empleo se aletargó. La insuficiencia no se tradujo en mayor desempleo sino en aumento de la inactividad laboral ayudado por el primitivo diseño de los programas asistenciales que inducen a las  mujeres a retirarse del mercado de trabajo”, agregó.

El informe asegura que “negar oportunidades laborales a una creciente porción de mujeres es socialmente muy costoso. Implica potenciar la dependencia del adulto varón en el hogar y/o del asistencialismo social”.

El impacto social puede aún ser más grave. El informe sostiene que “se cercenan las posibilidades de progreso de los hogares y aumentan los riesgos de disrupción familiar, violencia de género y clientelismo electoral. Es claro que el problema no se resuelve con una devaluación sino a través de la modernización de las instituciones laborales, el rediseño de planes asistenciales y el combate a pautas culturales que menosprecian las capacidades de las mujeres“.