Todavía resuenan los debates parlamentarios. Finalmente, Colombia tiene su reforma laboral. Una reforma que no es ajena a su contexto. Una reforma ideologizada y politizada que, desde ya, no mira al siglo XXI.
Se debatieron 77 artículos y se aprobaron 68, que configuran una reforma laboral con luces y sombras.
En un contexto global en el que se debaten diversas formas que otorguen más dinamismo al aprendizaje y la empleabilidad debido a la velocidad de la revolución tecnológica, esta reforma modifica los contratos de aprendizaje convirtiéndolos en un contrato laboral especial a término fijo desde la fase lectiva.
Asimismo, a partir del próximo 15 de julio, se reduce la jornada laboral de 46 a 44 horas incrementando el costo hora.
Se establece también un aumento progresivo del recargo dominical pasando del 75% actual al 100% en 2027.
Nuevas licencias remuneradas entran en vigencia como así también cuotas mínimas obligatorias de contratación de personas con discapacidad.
Estas y otras medidas hacen que, en términos generales, la reforma genere beneficios para quienes tienen empleos formales incrementando significativamente costos para las empresas. Parece no contemplar que la mayoría de los colombianos trabaja en la informalidad.
Se trata de una reforma que agrega rigidez y desincentivos para la formalización en un mercado laboral que pide a gritos flexibilidad y formalidad.
Sin embargo, la reforma reconoce el aporte de las empresas de servicios temporales al empleo flexible formal, Esto no es menor en un país en el que no se diferenciaban las distintas formas de externalización laboral. La ley 50 de 1990 regula el envio de trabajadores en misión a través de empresas registradas con objeto único que brindan una respuesta profesional y formal a las necesidades transitorias del mercado laboral. Dentro de las diversas formas de tercerización laboral, la única organizada, con representatividad e interlocutores validos para el dialogo social es el sector de las empresas de servicios temporales.
La participación activa del sector nucleado en ACOSET en los próximos debates sobre la reglamentación de esta reforma serán de vital importancia para el futuro económico y social de Colombia.
Es clave poder diseñar escenarios de formalización con flexibilidad que no asfixien al entramado productivo colombiano.
Colombia necesita promover el emprendimiento y apoyar a las empresas para que su economía retome los niveles de crecimiento del pasado. Para ello, es imprescindible que su mercado laboral luzca más dinámico, moderno y formal.
El proceso tiene un final abierto. Los próximos acontecimientos serán determinantes para saber si Colombia implementa una reforma laboral para el trabajo del siglo XXI o queda anclada en un marco normativo del siglo XX.
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