El país nórdico, famoso por sus logros educativos, acaba de poner en marcha un cambio radical en sus escuelas: desde el mes pasado, todos los centros de estudio comenzaron a implementar un enfoque didáctico conocido como “Aprendizaje basado en fenómenos”, que reemplaza el antiguo sistema de asignaturas por proyectos multidisciplinarios.
“La forma tradicional de educación, dividida en materias, no está preparando a los niños para el futuro”, señaló en rueda de prensa la ministra de Educación de Helsinki, Marjo Kyllonen. Bajo el nuevo sistema, explicó, en lugar de adquirir conocimientos aislados y de forma pasiva, los alumnos asumen un rol activo y trabajan en proyectos que exigen abordajes interdisciplinarios. Así, por ejemplo, estudiar un fenómeno como la Unión Europea, implica aprender idiomas, historia, política y geografía.
Las clases tradicionales serán desplazadas por proyectos temáticos en los que los alumnos se apropiarán del proceso de aprendizaje.
“En la educación tradicional, los alumnos van a su salón y tienen clases de matemáticas, después de literatura y luego de ciencias”, le dijo a la BBC Marjo Kyllonen, gerente de educación de Helsinki. “Ahora, en lugar de adquirir conocimientos aislados sobre diferentes materias, el papel de los estudiantes es activo. Ellos participan en el proceso de planificación, son investigadores y también evalúan el proceso”, explicó.
“La enseñanza basada en proyectos propone una producción concreta, un resultado final desafiante. Para eso se establecen objetivos y se definen las acciones que se realizarán, los recursos que se utilizarán, el tiempo que demandará”, explica Andrea Samper, licenciada en Educación. Y agrega: “La participación en proyectos favorece la construcción de conocimientos que trasciende lo disciplinar: exige poner en juego habilidades de pensamiento superior y procesos metacognitivos”. Bajo esta modalidad, el docente orienta, monitorea, encuadra y acompaña.
El uso de proyectos en el campo de la didáctica no es algo nuevo. Existe una larga tradición que tiene sus raíces en el constructivismo, a partir de los trabajos de pedagogos como William Kilpatrick y John Dewey.
“Las formas de enseñar no han cambiado sustancialmente desde mediados del siglo XIX. Hay resistencias porque esto implicaría un cambio importante en el rol de los docentes y una revisión profunda de la propuesta curricular”, apunta Samper. Y asegura: “Este enfoque didáctico podría dar respuesta a varios de los problemas que se plantean hoy en la escuela”.
Los cambios en el sistema educativo en Finlandia también implican importantes cambios para los profesores, quienes ya no tendrán el control acostumbrado sobre sus cursos y deberán aprender a trabajar de forma colaborativa con sus alumnos y con otros docentes.
Su trabajo dejará de basarse tanto en clases magistrales y será más parecido al trabajo de un mentor o de un coach que al de un catedrático.
Finlandia parece dispuesta a seguir cambiando y aprendiendo.