El mayor desempleo juvenil de las últimas dos décadas en América Latina requiere disrupciones urgentes

11, febrero

Por Martin Padulla para staffingamericalatina   El desempleo juvenil en América Latina alcanzó el porcentaje ...

Por Martin Padulla para staffingamericalatina

 

El desempleo juvenil en América Latina alcanzó el porcentaje más alto de las últimas dos décadas. Esto se desprende de un informe presentado recientemente por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Lima, Perú.

El índice de desocupación en la población joven alcanza casi el 20% y explica en gran parte un clima de convulsión, desaliento y frustración en las calles de varias ciudades de la región.

El empleo juvenil se contrajo en 11 países (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, El Salvador, México, Paraguay, Perú y Uruguay) que representan el 90% de la fuerza laboral en la región.

La foto también muestra que 6 de cada 10 empleos juveniles son informales. Y que muchas organizaciones no encuentran el talento que necesitan. Desde hace años describo esta situación como una  “tormenta perfecta”.

Juan Hunt, Director Regional Interino de OIT al presentar este nuevo informe planteó que “las oportunidades de acceder a un empleo digno y productivo, con salarios justos, con inclusión social, con protección social y derechos laborales son claves para responder a las demandas sociales para garantizar que los beneficios del crecimiento lleguen a todos y para garantizar la gobernabilidad”

El organismo internacional alertó hace casi 4 años en su Informe Mundial de Empleo y Perspectivas Sociales que sólo el 26% de la población económica activa mundial tiene un contrato permanente a tiempo completo o por tiempo indefinido. Existen diversas formas emergentes de trabajo. La morfología del trabajo ha cambiado y la dificultad para clasificarlo se ha incrementado.

Las diversas formas de trabajo constituyen la norma, lo standard. Si bien no existen datos fiables, la región no es una excepción en lo que concierne al bajo porcentaje relativo de empleados bajo la típica relación laboral del siglo XX. En lo que si se observa variada evidencia empírica es en el déficit significativo en modernización de los marcos regulatorios. Varios países de la región pretenden infructuosamente abordar estas nuevas realidades con categorías del pasado.

El trabajo de plataforma, la gig economy, el ecosistema emprendedor, el cambio tecnológico, el cambio climático, el cambio demográfico, el worklife balance, el longlife learning, los trabajos por proyecto, los trabajos temporarios, los trabajos remotos y un conjunto de innumerables zonas grises que en materia laboral presenta la Cuarta Revolución Industrial no están contemplados en muchos países de la región cuyos mercados laborales se desarrollan bajo marcos regulatorios que fueron concebidos durante la primera mitad del siglo pasado.

Ante la dificultad básica para establecer si determinada configuración se corresponde a un empleado, a un autónomo o a la necesidad de establecer una nueva categoría, cabe preguntarse si en algunos países es necesario hacer reformas o repensar de manera integral el andamiaje para modernizar los mercados laborales.

Las inaceptables tasas de desempleo juvenil en América Latina sólo podrán reducirse a partir de un sistema integrado que conecte diversas formas de adquisición de conocimientos y habilidades que complementen (¿y en algunos casos sustituyan?) al sistema educativo formal con diversas formas de trabajo. Estas, sin excepción, deben contemplar derechos portables y flexibles para los trabajadores con accesos a servicios acordes a la necesidad del siglo XXI.

Los servicios privados de empleo están en la vanguardia de este concepto, promoviendo la articulación publico privada e impulsando políticas activas de empleo. En todos los países de la región deberían constituirse como tales a través de la ratificación del Convenio 181 de OIT y colaborar más activamente en la inclusión a partir de la formación de competencias basadas en la demanda bajo diversos formatos y de la administración de diversos contratos de trabajo para atender las demandas de organizaciones y trabajadores. Los gobiernos de la región tienen en ellos, potenciales aliados estratégicos para acelerar este proceso. Los parlamentos, la obligación de diseñar nuevos entornos normativos.

En varios países de la región la carga impositiva directa sobre un salario es excesiva, la diversidad de contratos disponibles es muy limitada, los costos asociados a las desvinculaciones son altísimos y el nivel de conflictividad sigue la misma línea. Este estado de cosas desalienta la contratación formal de jóvenes y promueve la informalidad.

El sistema laboral en esos países debe ser cambiado, no reformado y además debe contemplar disrupciones, exclusiones/discriminaciones, déficit educativo, brecha de habilidades, sistema de pensiones acorde a la realidad del siglo XXI cambios de expectativas, entre otras dimensiones.

El desempleo juvenil es un indicador del grado de desarrollo de la región. Es necesario trabajar de manera urgente en acciones concretas que tiendan a revertir este escenario de exclusión y frustración juvenil que en algunos casos puede desencadenar en violencia y problemas de gobernabilidad.

Tal vez ese escandaloso 20% nos lleve a repensar la región que queremos para la próxima década. Tal vez esto sea el punto de apoyo para el desarrollo sostenible en el siglo XXI.