Jóvenes, decisión vocacional y futuro del trabajo

20, junio

La aventura de emprender el futuro en un mundo cambiante y difícil, pero lleno de oportunidades Por Martín Padulla ...

La aventura de emprender el futuro en un mundo cambiante y difícil, pero lleno de oportunidades

Por Martín Padulla para stafffingamericalatina

 

Ser joven en estos tiempos no es tarea fácil. Quienes tienen la fortuna de terminar en tiempo y forma su educación secundaria deben abordar la difícil misión de explorar introspectivamente sus aptitudes, intereses y gustos en un proceso que en muchos países se denomina orientación vocacional.

Antes de avanzar en el análisis hay que decir que en nuestra región no son mayoría quienes terminan la educación secundaria en tiempo y forma. En Argentina, por ejemplo, sólo el 22% de los jóvenes logra ese objetivo, mientras que sólo el 11% logra una educación superior no universitaria y el 20% de la población económicamente activa realiza una carrera universitaria.

En este contexto, según información relevada por el Instituto Nacional de Educación Tecnológica (INET) de ese país, durante el año pasado 3 de 4 empresas tuvieron dificultades para cubrir vacantes abiertas por déficit de competencias o de postulantes.

Es muchísimo lo que hay que trabajar para lograr que más jóvenes completen su educación secundaria y que esa instancia educativa en sí misma provea habilidades pertinentes para el mundo del trabajo. El modelo australiano de educación técnico-profesional parece ser el faro a seguir; tal vez sea el que mejor interpreta un concepto repetido en estas columnas: una oferta educativa basada en competencias que estén vinculadas con las demandas del sector socio productivo en el presente y en el futuro.

Volviendo a aquellos que deciden emprender el camino de la educación superior y no precisamente en un sistema como el australiano, la decisión vocacional constituye una elección de vida. Este proceso reflexivo de elaboración personal  se mantiene abierto a lo largo de ella pero es clave en la adolescencia. Esta decisión debe ser tomada en un momento vital en el que predominan las dudas. Para nuestros adolescentes estas dudas se materializan en el medio de la cuarta revolución industrial caracterizada por la incertidumbre. Nada fácil por cierto.

Si analizamos el contexto podemos observar lo siguiente: el 80% de los contenidos aprendidos por lo jóvenes deberán desaprenderse y reaprenderse. La formación continua de por vida (Life Long Learning) será imprescindible para alcanzar pertinencia (empleabilidad) para acceder a un empleo o para emprender.  El 65% de los estudiantes actuales trabajarán en posiciones que todavía no han sido inventadas. Los trabajos más difíciles de cubrir y mejor remunerados hoy, no existían hace 10 años atrás. Más del 70% del empleo que se genera hoy en nuestra región requiere habilidades tecnológicas. Según una investigación desarrollada por la Universidad de Oxford el 47% de las categorías organizacionales actuales están en riesgo de ser automatizadas en la próxima década. Tal como se ha dicho, no es época de cambios, estamos ante un cambio de época.

Es evidente que la globalización y la tecnología han transformado al Mundo y a la manera en que interactuamos. Entre 2009 y 2014, el consumo de datos en Estados Unidos creció 3700%. Se prevé que entre 2014 y 2019 se multiplique por nueve. Los jóvenes tienen al alcance de la mano herramientas muy poderosas de comunicación y conocimiento. Quizá la tarea sea aprender a aprovecharlas.

¿Cómo elegir una carrera? ¿Qué ponderar en una universidad? ¿Qué tiene para ofrecer la educación superior hoy a estos neo-estudiantes? ¿Tiene ya a los neo-profesores que deben interactuar con estos neo-estudiantes? Estos profesores, ¿Dominan esas herramientas que son dominadas a la perfección por los estudiantes?

Estamos ante un punto de inflexión. Las universidades y las instituciones tradicionales de educación superior deben replantearse el modelo ante este estado de cosas. Tienen que asegurarse de que sus metodologías y planes de estudios están evolucionando en paralelo con la economía del conocimiento. Deben estar seguros de que están en sintonía con los jóvenes de hoy y que pueden formar a los profesionales valiosos del mañana.

Parecería que uno de los primeros retos es enseñar a pensar críticamente. Aparentemente, las carreras tradicionales de ciencias sociales no presentan déficits en este punto; sin embargo todas las demás sí. El pensamiento crítico implica romper paradigmas. La educación debe preguntarse constantemente si está fomentando o coartando la creatividad. Debe ampliar sus fronteras en un momento histórico en el que los límites se han desplazado: adentro-afuera, público-privado, femenino-masculino, productor-consumidor ya no parecen ser lo que fueron. ¿Cómo hacer del espacio físico y psicológico un espacio que invite a explorar, a reflexionar profundamente, a generar inteligencia colectiva? ¿Cuál es la relación con el arte? El arte es fuente de inspiración para los negocios y la innovación. No puede quedar afuera si sabemos que la creatividad y la innovación constituyen uno de los principales motores de desarrollo humano.

La semana pasada la comisaria belga de empleo, Marianne Thyssen, denunciaba que en una Europa con más de 20 millones de parados no es admisible que el 40% de las empresas no encuentren trabajadores con habilidades para innovar.  Casas de estudios paradigmáticas en la formación de perfiles técnicos, como el Massachusetts Institute of Technology (MIT), señalan que muchos de los proyectos de ingeniería fallan por no tener en cuenta lo suficiente el contexto cultural. Para contrarrestar esta evidencia, sus estudiantes están obligados a dedicar el 25% de sus horas de clase a asignaturas humanísticas. En una entrevista al diario Boston Globe, Deborah K. Fitzgerald, decana de la escuela de humanidades del MIT, explicaba que todos los retos que debe resolver la técnica, desde el cambio climático a las enfermedades o la pobreza, están ligados a realidades humanas

Lo que es claro es que estamos en una era en la que el talento no irá tras el capital sino que el capital irá por el talento. Irá por los disruptivos, los innovadores y los creadores… creativos.

Ya existen universidades no tradicionales que están trabajando en el concepto de experiencias memorables. Están rediseñando las aulas transformándolas en simuladores de entornos laborales y sociales más aptos para la implementación de sistemas flexibles que fomentan la innovación a través de la cooperación.

Singularity University, que funciona en un campus de la NASA en Silicon Valley constituye una de estas iniciativas. No ofrece carreras de grados ni créditos, tiene un enfoque multidimensional y los contenidos cambian rápidamente. Singularity busca personas que idealmente sean una combinación de tecnólogos con espíritu emprendedor y mucha pasión por resolver los desafíos de la humanidad. Si pueden ver eso en los candidatos, encuentran la financiación para poder desarrollarlos.

Minerva es otro proyecto disruptivo; la oferta académica abarca Ciencias Sociales, Informáticas, Naturales, Artes, Humanidades y una escuela de negocios. Las clases se organizan en seminarios interactivos de no más de 19 alumnos, liderados por un profesor a través de la plataforma tecnológica de la Universidad.  Hacen hincapié en  la experiencia multicultural y tienen un objetivo claro: formar líderes innovadores y globales. Tras el primer año de clases en San Francisco, los estudiantes viven juntos durante el resto de su carrera en residencias de 6 ciudades distintas en el mundo (Berlín, Buenos Aires, Seúl, Bangalore, Estambul y Londres). Son sólo 30, de 14 países, durante 4 años. El Mundo necesita ciudadanos globales, plantean en Minerva.

La Escuela de Ciencias Humanas y Tecnología de IE University propone en España una carrera de grado 100% en inglés en el que se emplea una pedagogía enfocada en entrenar la creatividad y la capacidad de innovar con métodos como el Design Thinking. Experiencias reales y no lecciones magistrales. Los alumnos aprenden programación, estadística, ciberseguridad, big data, contabilidad o marketing, siempre con el prisma del estudio y comprensión de las necesidades humanas. En asignaturas como matemáticas, editan vídeos de tres minutos explicando las conclusiones de sus trabajos.  La presentación de los resultados es importante en esta propuesta; los estudiantes tienen que aprender a comunicar desde el primer día de forma clara y directa. IE University se tomó el trabajo de estudiar en profundidad el perfil profesional de los fundadores de las 100 startups de mayor éxito en los últimos 20 años. En el 79% de los casos, había al menos uno de los miembros con conocimientos técnicos (los denominados STEM por science, technology, engineering y mathematics), pero sus innovaciones no fueron el resultado de profundas investigaciones científicas, sino de la aplicación de las ciencias del comportamiento.

La universidad pública Rey Juan Carlos (Madrid) fue la primera de esas características en poner en marcha hace dos años un grado en el que se fusionan ciencias y humanidades. Crearon la carrera “Ciencias, Gestión e Ingeniería de Servicios” con un diseño de programa académico realizado conjuntamente con IBM. Durante el diseño trabajaron durante tres meses en la sede de IBM en San José (California) y recibieron la recomendación de incluir de forma trasversal en todo el programa las habilidades personales, la inteligencia emocional, el liderazgo o el trabajo en equipo. IBM sigue colaborando  con charlas y los estudiantes visitan sus centros en España para conocer su manera de trabajar. Se sumaron otras dos empresas (Eulen y Meliá) para aportar su visión desde el punto de vista del mundo productivo.

Ya sea para emprender o para ser competitivo en el futuro del trabajo, nuestros jóvenes deberán optar por comenzar un camino que no parece ser el de una carrera con un inicio y fin sino algo más parecido a un maratón de largo aliento en el que deberán elaborar diferentes estrategias para obtener competencias ligadas a un mundo cambiante e impredecible.

Una tarea difícil y apasionante al mismo tiempo.

Acerca de Martín Padulla

Fundador y Managing Director de Staffingamericalatina. Martín Padulla es Sociólogo (USAL), MBA (UCA) y experto en mercados laborales. Publicó Trabajo Flexible en Sudamérica y Entornos normativos para Agencias Privadas de Empleo en América Latina, dos libros acerca de las nuevas realidades del trabajo.

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