América Latina debe solucionar sus problemas de productividad en un contexto difícil para no perder los avances logrados. La cooperación entre servicios públicos de empleo y agencias privadas de empleo puede jugar un rol trascendente terminado el ciclo de precios altos de commodities.
Por Martín Padulla para staffingamericalatina
Seguramente la primera década del siglo XXI será recordada por la historia de América Latina como aquella en la que el crecimiento económico permitió reducir la pobreza. Sin embargo, la segunda década del siglo ya sin precios altos para alimentos, petróleo y minerales parece desnudar los problemas de productividad que ponen en riesgo los avances e incluso pueden llegar a revertirlos.
La informalidad continúa siendo un flagelo en la región. El desempleo juvenil es alto. Los problemas de empleabilidad siguen siendo un tema estratégico a resolver. Y no todos los países aprovecharon en igual medida ese famoso viento de cola impulsado por los commodities.
Lo que es claro es que se necesitan políticas activas de empleo.
Un artículo reciente publicado en el blog Factor Trabajo del BID escrito por Rafael Novella y Laura Castrillo se pregunta cuál política funciona mejor. Los autores citan una investigación llevada adelante por Card, Kluve y Weber quienes hicieron un minucioso análisis de casos buscando evidencias sobre las distintas políticas a partir de muestras en Europa, Estados Unidos y América Latina. El estudio mostró que las políticas más efectivas son aquellas relacionadas con la búsqueda de empleo y la capacitación y las menos efectivas son aquellas vinculadas con subsidios. En el corto plazo, las políticas de intermediación laboral se despegan en términos de efectividad de las políticas vinculadas con la capacitación. Obviamente en el largo plazo, las políticas vinculadas con la formación para el empleo, vuelven a tomar protagonismo y en este sentido es mucho lo que tenemos para hacer por la eficiencia de estas instancias de capacitación.
En América Latina, la mayor parte del presupuesto para políticas activas de empleo, se destinan a capacitar. Es necesario trabajar en las competencias a desarrollar, haciendo hincapié en las competencias que se requieren hoy y fundamentalmente las que va a demandar el mercado laboral en el mediano plazo. Lamentablemente muchos de nuestros países insisten en soluciones basadas en subsidios a pesar de la evidencia empírica que indica la ineficiencia de estos mecanismos.
La recomendación evidente que surge para atacar el corto plazo sin dejar de atender el mediano plazo apunta al fortalecimiento de los servicios públicos de empleo para mejorar la intermediación laboral.
En este mismo sentido, el Director de Empleo de OCDE, Stefano Scarpetta promueve la articulación entre servicios públicos de empleo y servicios privados de empleo como forma efectiva para fortalecerlos. La OIT a través de diferentes mecanismos, también impulsa la cooperación. El Convenio 181 de este organismo internacional, sobre Agencias Privadas de Empleo, taxativamente en su Art.13 inciso 1 establece que “De conformidad con la legislación y la práctica nacionales y previa consulta con las organizaciones más representativas de empleadores y de trabajadores, todo Miembro elaborará, establecerá y revisará periódicamente las condiciones para promover la cooperación entre el servicio público del empleo y las agencias de empleo privadas”.
Parece una recomendación de gran racionalidad. Si los programas de intermediación laboral son los más efectivos, es necesario fortalecerlos, profesionalizarlos, darles más dinamismo, hacer un uso eficiente de los limitados recursos públicos. La articulación público-privada es el camino ya que en los casos en que está articulación se ha dado, la intermediación laboral y la formación para el empleo basada en la demanda se han retroalimentado generando un circulo virtuoso.
La evidencia indica también que los casos de Holanda, Reino Unido, Francia y Alemania, con una vasta historia de trabajo conjunto entre los servicios públicos y privados de empleo, muestran que esta estrategia es la adecuada. Son países que han comprendido en profundidad que el reto del trabajo “estable” es irrenunciable pero que también es necesario establecer las bases reales de la “estabilidad” en mercados laborales volátiles y en economías con ciclos cada vez más cortos. Que una empresa contrate a un trabajador, que ese trabajador se desarrolle gozando de todos sus derechos y que esa empresa le brinde posiciones en diferentes empresas usuarias de sus servicios permitiéndole crecer en términos laborales y económicos es lo opuesto a precariedad. Nadie asocia el concepto de inestabilidad con una relación triangular del trabajo bien regulada porque existen trabajadores que se han jubilado trabajando en una agencia privada de empleo. Son mercados con bajísimo nivel de empleo no declarado que es el que se deriva de la economía sumergida, con su carga letal de exclusión, pérdida de derechos, competencia desleal y lesión a las arcas públicas. Son economías que en lugar de negar las transiciones, trabajan fuertemente en ellas, fortaleciendo a los trabajadores a través de formación basada en la demanda. Son ámbitos en que el concepto de flexibilidad no tiene carga ideológica, se trata de un concepto basado en presiones sociales y que han encontrado modelos que asocian flexibilidad con seguridad para los trabajadores. Se trata de países que estudian en profundidad sus mercados laborales y que ponen a disposición de empresas y trabajadores múltiples tipos de contratos para exista libertad para elegir..
Quizá, la segunda década del siglo XXI, sea recordada en la historia de la región como aquella que permitió modernizar nuestros mercados laborales poniendo foco en la empleabilidad, el combate al empleo no declarado y la inclusión, dejando atrás argumentos circulares que no nos permitían alcanzar el desarrollo.