Ecuador y su particular concepción del mundo del empleo

17, mayo

Acaso como parte de una fórmula que implica una particular visión del Mundo, Ecuador muestra un mercado laboral de ...

Acaso como parte de una fórmula que implica una particular visión del Mundo, Ecuador muestra un mercado laboral de características muy especiales. El andamiaje normativo ha mutado durante la administración del Presidente Correa.

De acuerdo a lo que informa Fabián Corral en elcomercio.com, a partir de la Constituyente del 2008, en las reformas al Código del Trabajo, se ha privilegiado la idea de la estabilidad en los puestos de trabajo, y se ha calificado de “precarización” todo lo que no sea trabajo “permanente”.

La conocida frase “lo único permanente es el cambio” parece no haber llegado a quienes establecen esta calificación para el empleo. Lo realmente paradójico es que quienes establecen estas categorías, no logran que la economía sea estable o permanente.

El supuesto que inspira al régimen laboral vigente en Ecuador según nos cuenta Corral, es “el de que el empleo será permanente, que la relación entre empresa y trabajador es una especie de matrimonio y de que la conclusión del contrato debe causar el pago de indemnizaciones. Prevalece la idea de que los contratos de corto plazo (por horas, ocasionales, temporales, por obra o servicio determinado, etc.) se inspiran en el ánimo de perjudicar al trabajador, en el desmedido afán de lucro, en una concepción mercantil del trabajo humano, etc. Bajo esa percepción, por tanto, habría que “combatir” esos contratos, derogarlos o, al menos, crear complicaciones que limiten su uso y que generen obligaciones patronales casi insuperables”.  Un camino diferente al que propone por ejemplo la OIT.

En esta línea, el Mandato Constituyente número 8, se eliminaron los contratos por hora, se prohibió la intermediación y la tercerización, y se propició que toda relación laboral sea directa y permanente, sin considerar la índole de las prestaciones ni la compleja trama de necesidades que genera la economía, algo básico para construir un mercado laboral dinámico, funcional y ajustado a la demanda.

La Constitución de 2008 consagró el principio de la relación directa, prohibió lo que califican como “precarización” y “cualquier otra que afecte a los derechos de las personas”. Todos los contratos laborales atípicos, en tanto estén bien regulados y controlados, respetan los derechos de los trabajadores y están dentro de la categoría de trabajo decente.

En el Código de la Producción (diciembre de 2009) se “castigó” a quien celebre contratos eventuales, con el incremento del 35% del salario. Años antes, complementa Corral,” una reforma al Código Laboral, bajo la sistemática e injustificada sospecha de fraude empresarial, sancionó toda liquidación de negocios, con el pago de cuantiosas indemnizaciones”.

La última reforma laboral elimina el contrato a plazo fijo, obliga al reenganche de los trabajadores que hubieren intervenido en cualquier obra o servicio del empleador.

Muchos analistas en Ecuador sostienen que “la idea de que la relación laboral debe ser permanente y directa, rodeada de toda suerte de obligaciones del empleador, no responde a la realidad de una economía inestable, ni a las dificultades de la empresa que debe adaptarse a la competencia, que está expuesta a los riesgos de la naturaleza y a las inseguridades de los mercados”.

Según el artículo publicado por Fabián Corral, “los excesos de las partes de la relación laboral –empleadores y trabajadores- en el uso de figuras contractuales y en el abuso de demandas, no debería ser la regla para legislar. Las necesidades de la producción van por otro lado, y el sistema laboral debería atenderlas para generar empleo y asegurar un salario digno”.

La particular visión del concepto de trabajo para el siglo XXI en Ecuador parece no tener en cuenta conceptos como productividad, competitividad, globalización y empleabilidad, conceptos claves para el progreso social y económico de los países.