Coronavirus. Opinión: tras la pandemia, nos espera una revolución educativa y del trabajo

22, octubre

NUEVA YORK.- Los caminos de Dios son inescrutables. Él, o Ella, nos tiró con la pandemia y al mismo tiempo con una ...

NUEVA YORK.- Los caminos de Dios son inescrutables. Él, o Ella, nos tiró con la pandemia y al mismo tiempo con una transformación drástica de la forma en que aprendemos, trabajamos y damos trabajo a otros. Ajústense los cinturones. Cuando salgamos de esta corona-crisis, ingresaremos en una de las eras de destrucción creativa schumpeteriana más profundas que la historia haya vivido, y que esta pandemia está acelerando y disfrazando a la vez.

No habrá empleo, ni sistema escolar, ni universidad, ni fábrica ni oficina que se salve. Y afectará tanto a los empleados de overol como a los de camisa, y es por eso que las inminentes elecciones en Estados Unidos son tan importantes. Porque a partir del 3 de noviembre, toda la política debería abocarse a encontrar la forma de brindarles a más norteamericanos un sistema de cobertura de salud y de jubilaciones transferibles, y oportunidades de aprendizaje de por vida, para aprovechar lo mejor y amortiguar lo peor de los tiempos que se avecinan. De lo contrario, lo único que nos espera es la inestabilidad.

Si la pandemia será tan destructiva y creativa es porque nunca antes tanta gente tuvo acceso a tantas herramientas baratas de innovación, a tantas computadoras de alta potencia y accesibles para todo el mundo, a tanto crédito barato -dinero prácticamente a costo cero-, para inventar nuevos productos y servicios, mientras hay tantos problemas sociales, sanitarios, ambientales y económicos que buscan solución.

¡Un cóctel realmente explosivo!

Veremos surgir cosas realmente asombrosas y veremos desaparecer instituciones históricas, como universidades, mientras el trabajo, los lugares de trabajo y la fuerza laboral se transforman hasta volverse irreconocibles.

Conversé sobre el tiempo que se viene con Ravi Kumar, presidente de la empresa india de servicios tecnológicos Infosys, con sede en Bangalore. Como Infosys ayuda a las empresas a prepararse para el mundo digital, la veo como un excelente anticipo de las tendencias globales en empleo y educación. Mi libro de 2004, La Tierra es plana, arrancaba precisamente en Infosys, cuyo principal negocio, por entonces, era hacer el trabajo que las empresas norteamericanas tercerizaban en la India. Actualmente, Kumar opera en Nueva York, donde está creando miles de empleos para los estadounidenses. ¿Cómo fue que pasó?

Kumar explica que todo empezó cuando la Revolución Industrial generó un mundo con una tajante distinción entre empleadores y empleados, entre educadores y empleadores, y entre gobiernos, empleadores y educadores, pero asegura que ahora “veremos desdibujarse todas esas diferencias”.

Como el ritmo del cambio tecnológico, de la digitalización y la globalización se sigue acelerando, está ocurriendo dos fenómenos superpuestos: el entretejido del mundo es cada vez más “apretado” -por supuesto que la globalización de bienes y personas se ha ralentizado por la pandemia y la política, pero la globalización de servicios se ha disparado-, y al mismo tiempo “la vida útil de las habilidades aprendidas se está acortando sostenidamente”, dice Kumar, o sea que cualquier habilidad o conocimiento que uno tenga actualmente quedará obsoleto cada vez más rápido.

Nuestros hijos seguramente tendrán que cambiar de empleo y profesión muchas veces a lo largo de sus vidas, o sea que sus carreras profesionales ya no seguirán una trayectoria “de estudiar a trabajar”, como le gusta expresarlo a E. McGowan, coautora de The Adaptation Advantaje (“La ventaja adaptativa”), sino más bien una trayectoria “de trabajar-aprender-trabajar-aprender”.

“Aprender es la nueva jubilación”, dice McGowan. “Aprender es la forma de ir generando día a día nuestro valor futuro.”

El rol crucial de los docentes primarios y secundarios, por lo tanto, será imbuir en los más jóvenes la curiosidad y la pasión necesarias para una vida entera de aprendices que al mismo tiempo se apropien de su propia educación.

Por supuesto que todos seguirán necesitando buenas herramientas de lectoescritura y matemáticas, pero en un mundo en el que cambiarán de empleo y profesión varias veces, la automotivación para llevar una vida de aprendizaje será crucial.

En paralelo, explica Kumar, las aceleraciones y digitalizaciones y globalizaciones seguirán haciendo que el trabajo sea más “modular”, partido en pequeños paquetes que las empresas encargan a terceros. Y las empresas, señala Kumar, se convertirán cada vez más en plataformas que sintetizan y orquestan esos paquetes modulares de producción de bienes y servicios.

En ese proceso, agrega Kumar, “el trabajo se irá desconectando cada vez más de las empresas, y los empleos y los trabajos también se irán desconectando entre ellos”. Algunos trabajos serán mecanizados, algunos requerirán de alguna proximidad física humana, en oficinas o fábricas, otros se harán de manera remota, y algunos serán apenas una pieza de una tarea, que también se podrá tercerizar en cualquiera y de cualquier lugar del mundo.

A medida que el trabajo se vuelva más modular, digital y desconectado de una fábrica u oficina, habrá mucha más gente, y cada vez más diversa -los que viven en las zonas rurales, las minorías, las amas o amos de casa, los discapacitados-, que podrá competir por realizar esas tareas desde sus hogares.