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¿Y si el envejecimiento se transformara en una “enfermedad curable”?

La agenda de la singularidad tecnológica sostiene que en las próximas dos décadas vamos a asistir a más cambios que en los dos últimos milenios. Más allá de la real magnitud de esos cambios, América Latina debe asumir un rol proactivo.

Es mucho lo que se habla y lo que se escribe acerca de los profundos cambios que estamos viviendo. En términos concretos lo que realmente importa es qué es lo que se hace de cara a esas transformaciones que están impactando en nuestras sociedades.

Básicamente los desafíos que plantea el futuro pueden abordarse desde una actitud pasiva, sin hacer nada; con una actitud reactiva, tratando de responder a los cambios; a través de una actitud preactiva, preparándose para esos cambios, o mediante una actitud proactiva, tomando un rol protagónico en la creación de ese futuro. Sin dudas, la región debería trabajar activamente entre las últimas dos miradas. Está claro que no es este el escenario predominante.

Existen algunas certezas en este contexto volátil, incierto, complejo y ambiguo. Existen cuatro que me parecen importantes:

  • que el desarrollo tecnológico va a determinar el futuro,
  • que la educación y la formación de competencias basadas en la demanda son claves para crear capital humano,
  • que el trabajo estará en donde encuentre el clima de negocios adecuado y el talento pertinente,
  • que la manufactura está transformándose en “mentefactura” con una fuerte preponderancia de los servicios incluso en los procesos productivos
  • que la esperanza de vida está aumentando y que este proceso parece seguir avanzando.

Concibo a la singularidad como la característica distintiva del ser humano en tanto animal bio-socio-cultural, también considero el concepto de singularidad emocional en lo concerniente a la importancia para un individuo de la toma de conciencia de su construcción relacional singular con respecto a  asociaciones entre  experiencias y sentimientos para su crecimiento personal. No puedo obviar a la singularidad de la ética en constante tensión con la uniformidad de la moral. Sin embargo, la agenda del futuro refiere a otra idea de singularidad: la singularidad tecnológica.

Quienes llevan adelante esta agenda se refieren a la convergencia de las cuatro grandes tecnologías del futuro: la nanotecnología, la biotecnología, la infotecnología y la cognotecnología. Esta convergencia, sostienen, marcará el momento en el que la inteligencia artificial alcanzará a la inteligencia humana.

Esto implicara un crecimiento importante de algunos sectores como los de la educación, la salud, la alimentación, la energía, entre otros, pero todos casi sin excepciones, sufrirán profundas transformaciones.

Respecto al quinto punto que mencioné entre las certezas, el aumento de la esperanza de vida, la agenda de la singularidad va muchísimo más allá y plantea que en 20 o 30 años se podrían controlar los procesos de envejecimiento físico y de rejuvenecimiento y que esto aumentará de manera muy significativa la esperanza de vida. Los más osados hablan de “la muerte de la muerte”.

Sin entrar en ninguna consideración de carácter religioso (que las hay y serían muchas desde las más diversas corrientes teológicas), parece interesante explorar si la angustia por la muerte pasara a ser angustia ante la posibilidad de la supuesta inmortalidad. ¡No nos preparamos para esto!

Quienes vislumbran este futuro plantean un entorno más limpio, ético y socialmente responsable. Imaginan un futuro en el que un jamón no implique involucrar a un cerdo sino a células madres e impresiones en 3D y que el proceso se alimente por energías renovables y no fósiles. Este entorno implica disminución de puestos de trabajo actuales y creación de nuevos trabajos.

¿Qué pasaría si en América Latina, como en Las intermitencias de la muerte de José Saramago, un día simplemente nadie muere?

Tal vez no estemos preparados ni siquiera para pensar en una situación tan disruptiva pero ¿qué pasaría si hoy América Latina tuviera el doble de adultos mayores que los que tiene?

Sin dudas tendríamos un gravísimo inconveniente. La magnitud del problema tendría impactos sociales, políticos, económicos, sanitarios y de infraestructura, entre otros. Es muy importante tener muy claro que se trata de un problema que efectivamente tendremos en 30 años si no actuamos muy rápidamente y en paralelo en diferentes sentidos.

Hoy la población en edad de trabajar crece más rápidamente que la población total y nos ofrece la ventana de oportunidad demográfica. Estamos en un periodo de transición propicio para la generación de riqueza en tanto formemos de manera pertinente a los jóvenes y se creen trabajos para que la población en edad de trabajar efectivamente produzca.

Este periodo coincidirá con una etapa de reconversión de trabajo en la que faltaran muchos trabajos que serán sustituidos por las mencionadas tecnologías y sobrarán otros, los no rutinarios que requieran de nuevas habilidades humanas. Sin embargo, el típico contrato de trabajo por tiempo indeterminado está dando paso a diversas formas de trabajo que deben ser reguladas para que los trabajadores puedan obtener beneficios sociales.  Debemos actuar muy rápidamente para aprovechar este periodo pero ¿qué es lo que debemos hacer?

No existe una única respuesta para esta pregunta pero si datos, evidencias y tendencias que vale la pena tener en cuenta:

  • La educación es la única forma de acumular capital humano en sociedades del conocimiento. Generar igualdad de oportunidades para el acceso de educación de calidad es urgente. Necesitamos que más gente adquiera más y mejores habilidades cognitivas, socioemocionales y técnicas y que además aprendan haciendo. Promover las prácticas profesionales, los contratos de aprendizaje y demás instancias de formación para el trabajo es fundamental. También es necesario consolidar la idea de aprendizaje durante toda la vida, internalizar en los ciudadanos la obligación de aprender a desaprender para reaprender haciéndose cargo de la propia empleabilidad.
  • Incrementar la participación laboral es imprescindible. Jóvenes, mujeres y adultos mayores constituyen los grupos que requieren de mayores estímulos. Debemos generar mecanismos que faciliten la inserción de jóvenes y mujeres en el mercado laboral, que faciliten la reinserción o extiendan la vida activa de los adultos mayores y estimular diversas formas de trabajo para adaptarnos a las necesidades de las empresas. El modelo nórdico de flexicurity ofrece un balance adecuado entre la flexibilidad que requieren las organizaciones y la seguridad que necesitan los trabajadores. La formación de competencias basadas en la demanda y la rápida inserción en el mercado laboral son claves. La articulación entre los servicios públicos de empleo y los servicios privados de empleo constituye una estrategia exitosa para materializar el concepto de flexicurity de manera inclusiva.
  • El envejecimiento poblacional implica más gasto. No podemos mantener los mismos sistemas previsionales con semejantes cambios en las tendencias demográficas. Debemos reformular estos sistemas teniendo en cuenta las particularidades de cada país. Derechos sociales portables y transferibles serán necesarios para la adaptación.
  • Estimular el ahorro y vincularlo con la inversión es clave. Tenemos que alcanzar el circulo virtuoso que se forma entre inversión, crecimiento y ahorro para poder obtener lo que se denomina segundo dividendo demográfico
  • Explorar y hacer pruebas pilotos para implementar el ingreso básico universal será necesario para contener el desempleo tecnológico y reconvertir a los trabajadores más rezagados.

Nos estamos volviendo viejos. Debemos, antes, ser productivos y generar riquezas en nuestros países para tener sociedades sostenibles. La capacidad para crear consensos será fundamental para implementar acciones urgentes.

 

Acerca de Martín Padulla

Fundador y Managing Director de Staffingamericalatina. Martín Padulla es Sociólogo (USAL), MBA (UCA) y experto en mercados laborales. Publicó Trabajo Flexible en Sudamérica y Entornos normativos para Agencias Privadas de Empleo en América Latina, dos libros acerca de las nuevas realidades del trabajo.

Sigue a Martín Padulla en Twitter: @MartinPadulla

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