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Refugiados: la importancia de los mercados laborales

Los trabajadores migrantes en general están poniendo a prueba los mercados laborales. América Latina conoce de migraciones. Suecia y Alemania son casos a seguir de cerca para fortalecer competencias con el objetivo de incluir y crecer.

Por Martín Padulla para staffingamericalatina

El mundo entero dejó la indiferencia a principio de este mes, cuando los diarios reflejaron la foto de Aylan Kurdi, el niño sirio de tan solo 3 años que murió en las costas de Turquía huyendo de la guerra. La crisis de los refugiados nos está mostrando el mayor movimiento de personas que vive Europa desde la Segunda Guerra Mundial

Este movimiento de personas tiene algunas singularidades: está claro que los estados árabes del Consejo de Cooperación del Golfo (Arabia Saudita, Bahrain, Kuwait, Qatar, Oman y la UAE) están más cerca que Europa para los sirios; sin embargo han mantenido cerradas sus puertas a los refugiados. Factores culturales permiten ofrecer ayuda económica a Alemania para que los reciba pero no recibirlos. Ni siquiera el éxodo palestino de 1948 iguala la amenaza demográfica que suponen los refugiados sirios para la identidad del Golfo y su composición social. La gran mayoría de los residentes en estos países son trabajadores económicos transitorios. Cuando sus contratos finalizan, todos vuelven a casa. Por otro lado, no todos los países se muestran receptivos ante el fenómeno; algunos países europeos están cerrando sus fronteras y otros construyendo muros que creíamos que eran parte del pasado.

Existen más de 15,4 millones de refugiados según datos de la Oficina de las Naciones Unidas para los Refugiados. Se trata de personas que huyen de guerras, conflictos sociales, hambre o violaciones de derechos humanos. El 70% de los refugiados sirios son personas de clase media.

El Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR) define los refugiados como aquellas personas que huyen “para salvar sus vidas o preservar su libertad”. Los refugiados, a diferencia de quienes migran por razones económicas, tienen derecho a pedir asilo siempre y cuando puedan demostrar que provienen de un país en conflicto donde las circunstancias le obligan a buscar refugio fuera de sus fronteras, o donde existen “fundados temores de ser perseguido por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social u opiniones políticas”, según afirma el Estatuto del Refugiado de la ONU. Las personas que buscan trabajo en otro país, no pueden considerarse refugiados, son migrantes en tanto se mueven “por conveniencia” y a partir de una decisión tomada “libremente”.

“Las causas de la pobreza y los conflictos que empujan a la gente a acciones extremas, cruzando mares en búsqueda de la paz y una vida y trabajo decente, no van a desaparecer sin una acción concertada de los Estados que abarque la solución de conflictos y el mantenimiento de la paz, la inversión en la educación y la creación de empleos” plantearon los expertos del Comité de Naciones Unidas para la Protección de los Derechos de los Trabajadores Migrantes y sus Familiares

Siria no está sola entre las naciones que expulsan a sus hijos por diferentes motivos. Países como Afganistán, Irak, Eritrea, Somalia, Nigeria, Sudán, Mali, entre otros, muestras distintas caras de este triste fenómeno social

América Latina se  construyó, en gran medida, a partir del esfuerzo y el trabajo de los inmigrantes.

En nuestra región varios países tienen importantes comunidades sirias y países como Brasil, Argentina,  Venezuela, Paraguay, México, Uruguay y Chile han manifestado que piensan otorgar visas para refugiados de ese país. Existe una mirada receptiva bastante generalizada. Esta mirada es la que sustenta la sugerencia del multipremiado periodista Andrés Oppenheimer, quien plantea que “si Arabia Saudita y sus vecinos del Golfo Pérsico pueden pagar para construir mezquitas en Alemania, podrían también pagar para ayudar a que más refugiados sirios puedan asentarse en Latinoamérica”

El ex Presidente uruguayo, José Mujica advirtió que para Europa “el advenimiento de un torrente de sangre joven, aunque tiene problemas de asimilación en lo inmediato, es una capitalización en el largo plazo”. Mujica esperó en persona el año pasado a refugiados sirios para darles la bienvenida a Uruguay

Argentina, país en el que existe una importante comunidad siria, dio asilo a 233 desde el inicio del conflicto, según la Comisión Nacional para los Refugiados. El año pasado, implementó el llamado Programa Siria para reunificar familias y permitir la entrada legal de sirios sin antecedentes penales. Muchas familias sirias arraigadas hace tres generaciones en el país están haciendo esfuerzos por terminar de traer a sus familiares a América

En Chile, el ex Ministro Sergio Vitar, descendiente de sirios, impulsa la recepción de 50 a 100 familias

En México, una petición popular a través de la plataforma Change.org con más de 100.000 firmas pide al gobierno de Enrique Peña Nieto que se comprometa a acoger a 10.000 personas de ese país.

Superado el aspecto burocrático, uno de los principales desafíos a los que se enfrentan los refugiados cuando intentan integrarse en su país de acogida es encontrar un trabajo decente. ¿Discriminación? ¿Prejuicios? Estudios indican que se presupone que los trabajadores migrantes son menos cualificados y que a su vez los refugiados son menos calificados que los migrantes.

La OIT tiene un Convenio, el 143 sobre trabajadores migrantes que fundamentalmente apunta a la igualdad de oportunidades y de trato y a luchar contra el tráfico ilícito o clandestino de mano de obra. Entre las 23 ratificaciones del Convenio está la de Suecia que evidentemente ha entendido que puede obtener talento del drama sirio.

Suecia o Alemania  invierten para que la inclusión en el mercado laboral se convierta en el motor de la integración de los refugiados y obviamente, en un beneficio para el progreso social y económico del país

Suecia ha dado asilo a más refugiados que cualquier otro país europeo y privilegian el trabajo de brindarles la posibilidad de un futuro. Los refugiados y solicitantes de asilo que arriban a Suecia no llegan a campamentos ni son asignados a sistemas de asistencia social; en lugar de eso, son inscriptos en un programa de integración laboral. Cuando logran su estatus de residencia, es el servicio público nacional para el empleo, no la Dirección General de Migraciones de Suecia ni los ayuntamientos, el que ayuda a los refugiados a establecerse en su nuevo entorno. Para esto, encontrar un empleo es clave.

El servicio público de empleo y los servicios privados de empleo junto a todos los empleadores, identifican a quienes están dispuestos a darles oportunidades a los refugiados y negocian con aquellos que se muestran menos abiertos a invertir en el desarrollo de competencias para estos trabajadores. Los subsidios previstos para el aprendizaje y los cursos de formación preparatoria complementan el círculo virtuoso. El seguimiento después de que el refugiado ha empezado a trabajar, ayuda a garantizar la sostenibilidad del empleo.

En Alemania, la semana pasada, la canciller alemana Angela Merkel fue en persona a la Oficina de Migración y Refugiados para informarse acerca de los tiempos de tramitaciones “una rápida integración de los solicitantes de asilo en Alemania tiene prioridad, para lo que hay que hacer posible una gestión rápida de su situación para que puedan trabajar” planteó entre los aplausos de quienes buscan reencausar sus vidas. La ministra de Trabajo alemana, Andrea Nahles, informó por su parte que se destinarán entre 600 y 1.100 millones de euros para integrar a los refugiados en el mercado laboral.  Alemania ha recibido más de 450.000 y el gobierno espera la llegada récord de 800.000 refugiados este año.

Se calcula que para 2060 el número total de alemanes se reducirá 10 millones: de 81,3 millones en 2013 a 70,8 millones. El porcentaje de personas de 65 años y más frente a los pobladores de entre 15 y 64 años se incrementará de 32% en 2013 a 59% para 2060. O sea que para 2060 habrá dos alemanes menores de 65 años trabajando y generando impuestos por cada alemán mayor de 65 años. El diagnóstico es claro: con una población alemana que se reduce, las empresas no pueden  cubrir muchas posiciones y los trabajadores especializados son cada vez más escasos.

Esta tendencia se incrementará en los próximos años y pone en riesgo la futura prosperidad del país. Se trata también de darle una solución a un futuro problema: Alemania no podrá satisfacer sus necesidades de trabajo sólo con el mercado laboral europeo, que permite el libre movimiento de trabajadores dentro de la UE. Cálculos que dan sustento a las sencillas palabras de Mujica.

¿Será que la crisis de los refugiados es la prueba que tenemos que pasar para que los conceptos de movilidad, inclusión y diversidad no queden vacíos de contenido?

 

Acerca de Martín Padulla

Managing Director de Staffingamericalatina. Martín Padulla es Sociólogo (USAL), MBA (UCA) y experto en mercados laborales. Publicó Trabajo Flexible en Sudamérica y Entornos normativos para Agencias Privadas de Empleo en América Latina, dos libros acerca de las nuevas realidades del trabajo.

mpadulla@staffingamericalatina.com

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