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Puerto Rico: la crisis económica agrava el desempleo juvenil

Datos del Negociado del Censo indican que es doblemente difícil para este sector poblacional conseguir empleo. El desafío de retener talento y formar empresarios.

 

La tasa de desempleo para los jóvenes en Puerto Rico es dos veces más alta que para la población en general. Una persona entre las edades de 16 a 24 años tendrá el doble de dificultad para conseguir trabajo, en comparación con el resto de la población. Y existen varios factores que contribuyen a esto.

El empleo juvenil es uno de los indicadores normalmente examinados al evaluar el futuro económico de un país, especialmente si sus fronteras de algún modo son abiertas a la migración.

La crisis económica que vive Puerto Rico desde el 2006 ha hecho mella en este indicador. Según datos de la Encuesta de la Comunidad del Negociado del Censo, desde el 2010, Puerto Rico ha perdido 9,395 empleos en algún momento ocupados por jóvenes. La cantidad de trabajadores entre las edades de 16 a 24 años se ha reducido en 11,132 personas o 6%.

Datos del Negociado del Censo proponen una tasa de desempleo para este grupo de alrededor de 41%. Este es uno de los porcentajes más altos registrados en los últimos años. Los datos del Departamento del Trabajo y Recursos Humanos, por su parte, con su sistema de mediciones proponen una tasa menor que ronda el 24%. Esto, sin embargo, es el doble del 11.5% que la agencia marca para el mercado laboral puertorriqueño.

“El problema se sabe que es la falta de oportunidades. La economía no les está dando espacio. Esto es lo que promueve la emigración”, dijo el economista José Alameda.

Los propios datos del Censo alertan de esa emigración y baja poblacional más acelerada de los jóvenes, en comparación con el resto de la población. Durante el 2015 la población de Puerto Rico se redujo alrededor de 1.7% pero la cantidad de jóvenes (entre 16 a 24 años) disminuyó en un 4%.

La emigración explica este fenómeno aunque también incide la baja en los nacimientos.

Muchos de estos jóvenes, según Alameda, son estudiantes que recién se gradúan de las universidades y no encuentran trabajo en las disciplinas en las que se formaron. Esta situación los obliga a buscar oportunidades en otros  mercados laborales.

La fuga de talento que vive Puerto Rico  implica la salida de personas educadas y con expectativas altas de productividad laboral.

Se trata de personas que en otras circunstancias económicas generarían producción, riquezas y consumo. Y esa actividad económica se pierde cada vez que alguno de ellos aborda un avión para tratar de encontrar nuevas oportunidades en otro lugar.

Sin embargo, el economista indicó que, debido a los avances en las comunicaciones, esa pérdida se minimiza con la capacidad que se tienen los profesionales en la diáspora de compartir los conocimientos que conservan de su formación a nivel local y que generan con su experiencia laboral en el exterior.

“El problema del braindrain (fuga de cerebros) se alivia con eso. La tecnología ayuda a conservar ese conocimiento… Ahora, se pierde la actividad económica que ellos generan”, dijo Alameda.

Por eso, según el economista, es indispensable que las universidades no solo formen expertos en sus disciplinas, sino empresarios que generen sus propias oportunidades de trabajo.

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