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Para la OIT el diálogo social es clave en la gobernanza del trabajo

Los avances tecnológicos, los cambios demográficos,  el cambio climático y la tendencia acelerada hacia la globalización están transformando el mundo laboral, señaló la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Ante este panorama, consideró que el diálogo social, en el que participan los gobiernos y organizaciones representativas de empleadores y de trabajadores, deberá desempeñar un papel clave en la gobernanza del trabajo.

Es necesario asegurar que los países formulen políticas equilibradas para abordar las fuerzas del cambio que sean favorables tanto al crecimiento económico sostenible como a la justicia social.

A través de un informe, OIT afirmó  que cada uno de los vectores principales del cambio presenta desafíos muy distintos para los consejos económicos y sociales e instituciones similares.

La aceleración de la globalización, señaló, exige que el diálogo social se adapte a las nuevas estructuras de toma de decisiones, en las que las empresas multinacionales son cada vez más influyentes.

Los cambios demográficos también exigen decisiones difíciles en relación con la modernización de las instituciones del estado del bienestar y la creación de miles de empleos nuevos y decentes para los trabajadores jóvenes. Además, reconoció que el potencial de los avances tecnológicos sólo puede aprovecharse a través de una reglamentación eficaz de las nuevas modalidades de trabajo y de la reducción de las brechas de competencias.

La gestión del cambio climático requiere un amplio consenso en torno a la estrategia de desarrollo sostenible. La complejidad de cada desafío, reconoció, se ve intensificada por la necesidad de abordarlos juntos y de manera simultánea, una tarea abrumadora para cualquier país, independientemente de su nivel de ingresos o de la fase de desarrollo en que se encuentre.

Muchas instituciones nacionales de diálogo social aún estaban recuperándose de los efectos de la crisis financiera mundial. Casi dos tercios reconocieron que esta práctica se había puesto a prueba durante los últimos años. Más de la mitad había pasado por importantes reformas, por ejemplo, de su mandato (la incorporación de cuestiones ambientales), composición (mayor representación de los jóvenes o de las mujeres), estructura (el establecimiento de grupos de trabajo o comités específicos) o método de funcionamiento.

Dos tercios de los consejos económicos y sociales e instituciones similares habían elaborado un plan estratégico para aumentar el papel del diálogo social y de la concertación política (o tenían previsto hacerlo). Además, tres cuartas partes disponían de un plan de acción que abordaba una o más cuestiones relacionadas con la agenda relativa al futuro del trabajo, manifestó.

El papel de los consejos económicos y sociales e instituciones similares era básicamente de asesoramiento (por ejemplo, en la formulación de legislación o la elaboración de políticas) o de intercambio de información, incluso buenas prácticas, o ambos. Sólo alrededor de la mitad de las instituciones tenían un papel activo en las negociaciones, puntualizó.

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