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La reforma brasilera obliga al resto de América Latina a repensar sus mercados laborales

A partir de un trabajo realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Banco Interamericano de Desarrollo y el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), se publicó un informe que muestra los costos laborales de América Latina y el Caribe. Argentina  lidera el ranking con un 34,6% de carga fiscal sobre el salario, Brasil con un 32,2%.

Entre las conclusiones más salientes del informe, se mencionan los altos costos de formalización laboral en la gran mayoría de países de la región, lo cual tiene como consecuencia directa tasas de informalidad y precarización muy elevadas.

El Gobierno brasileño tomó estos argumentos y avanzó con una reforma laboral sin precedentes en su historia y para toda la región, que fue aprobada por el Congreso el pasado 11 de julio, y modifica y flexibiliza estructuralmente la “consolidación de las leyes del trabajo” (o CLT).

Para comprender el impacto que tendrá esta reforma, mejorando exponencialmente la competitividad del gigante sudamericano por sobre toda la región.

Para tomar como referencia, el Foro Económico Mundial informa que  Argentina se ubica en la posición 133 sobre 138 países estudiados, en términos de rigidez y costos laborales. Brasil, previo a la reforma, se encontraba en el puesto 119. Según las proyecciones, se ubicará entre los puestos 85 y 90, una vez que empiece a regir la reforma, es decir, escalaría más de treinta posiciones a nivel mundial, con lo que se diferenciaría en más de cuarenta posiciones a la Argentina en este ranking.

Los puntos más salientes de la reforma brasileña son:

  • La contribución sindical (hasta ahora obligatoria) pasa a ser voluntaria.
  • Tercerización laboral: la reforma les permite a las empresas tercerizar cualquier tipo de actividades, incluso las principales.
  • Los acuerdos entre el empleador y el empleado, o los acuerdos por sector o por empresa, priman por sobre la legislación vigente.
  • Jornada laboral intermitente: se podrán pagar salarios sobre una base horaria o diaria (ya no mensual), y el empleador podrá convocar al empleado con un mínimo de tres días de antelación. Fuera de ese período, el trabajador no estará a disposición de esa empresa.
  • Otros cambios: la jornada laboral diaria máxima podrá ser de hasta 12 horas diarias, con 36 horas de descanso posteriores; el preaviso pasa de 30 a 15 días; las vacaciones podrán fraccionarse hasta en tres períodos; el tiempo de transporte al lugar de trabajo se deja de computar como tiempo de trabajo; etcétera.

Cambios alineados con los conceptos del futuro del trabajo que deben abordarse con una mirada diferente a los mercados regulatorios diseñados para el concepto de trabajo del siglo XX.

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