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La gestión de cambio

El camino más simple para no innovar es aferrarse a lo conocido. La disrupción es la consecuencia de la gestión eficiente de un proceso abierto a la exploración y experimentación de cosas nuevas.

Por Martin Padulla para staffingamericalatina

 

Existe una tendencia bastante generalizada a pensar el cambio como un hecho o un evento, como algo instantáneo que se produce en un momento determinado. Un punto de inflexión que modifica el rumbo de las cosas. Nada más alejado de la realidad.

El cambio es un proceso y como todo proceso requiere de una gestión que contemple que determinados hechos sucedan en el momento adecuado. Esta mirada podría mostrar al cambio como la sucesión de pequeños hechos que alteran la tendencia dominante.

“La Destrucción Creativa es el hecho esencial del capitalismo”, escribió Joseph Schumpeter en 1942 mientras enseñaba en la Universidad de Harvard. Fue el primer economista en desarrollar una teoría sobre los emprendedores.

¿Existen fórmulas infalibles para ser innovador? ¿Podemos encontrar modelos exitosos que nos lleven a un escenario seguro de disrupción? ¿Podemos acceder a bibliografía que asegure una carrera de emprendedor de impacto?

Podría decir que la respuesta común a estas tres preguntas es no pero tal vez encontremos algunos caminos que nos inviten a pensar.

Lo que parece claro es que imitar a un innovador probablemente sea el camino seguro hacia la no innovación.  Entre otras cosas porque la cultura y el contexto influyen demasiado en la posibilidad de innovar.

Para graficar esto podría tomar una sola variable para el análisis: el rol del cliente en la innovación.  Podría también citar a dos innovadores: Bernard Meyerson, CIO de IBM quien plantea que el cliente es parte importante del proceso de innovación y Henry Ford quien planteaba que de haberle preguntado a la gente por sus gustos le habrían contestado “un caballo más rápido”. Confusion? A no desesperar.

La ciencia, que arroja luz sobre los fenómenos, nos muestra que existe correlación directa entre la exploración/intento de hacer cosas nuevas y la creatividad, se ha encontrado evidencia neurocientífica entre el link apertura a nuevas experiencias y pensamiento creativo. The Beatles revolucionaron el mundo de la música a partir de la experimentación con el sitar, un instrumento tradicional de India y Pakistán y el mellotrón, un instrumento electromecánico polifónico

Entonces, otro punto importante parece ser estar atento al status quo. Las organizaciones establecidas tienden a innovar incrementalmente dentro la dinámica de sus negocios u objetivos existentes y esto le abre la puerta trasera al disruptor. Además el status quo ya no es tan sólido porque  vivimos en un mundo líquido en el que nadie sabe con certezas qué es lo que va a pasar.

¿Se puede innovar en la escuela, en la empresa o en un país con la estructura prexistente? Todo parece indicar que la clave está en la cultura y en la posibilidad o no de compartir los valores del cambio.  Si docentes, trabajadores o ciudadanos comparten los valores establecidos para la Educación, el Trabajo y finalmente para el proyecto de País, es posible innovar.  Es necesario alinear a pensadores y hacedores para alcanzar impacto.

Desde hace algunos años trabajo la interacción estrategia-estructura en organizaciones diversas en América Latina; sólo a través un diseño inteligente de la estructura  puede hacerse realidad la estrategia: esto adquiere aún más relevancia cuanto más cerca se esté de un proceso de innovación. La innovación necesariamente implica un cambio cultural.

Innovar es un trabajo de equipo pero no es un trabajo para cualquier buen equipo. Se trata de un desafío para equipos con capacidad de adaptación ágil al cambio. Un equipo conformado por innovadores. Requiere de talentos con capacidad para no caer en rutinas y resolver problemas con creatividad. Un equipo de “distintos” con salto de calidad.

Al mencionar la adaptación ágil surge el concepto del agilismo que no consiste en ir más rápido, gestionar en forma más dinámica y obtener resultados en periodos cortos de tiempo. Se trata de todo eso en una cultura colaborativa con equipos comprometidos y orientados al logro.

¿Se puede reclutar innovadores sin procesos de selección innovadores? ¿Cómo innovar para encontrar talento innovador? No se puede cambiar sin evitar pensar que con categorías del pasado se puede construir un futuro diferente.

El talento innovador es aquel que posee pensamiento innovador. Este tipo de pensamiento incluye al pensamiento creativo y este último, al pensamiento crítico. El entusiasmo nace del inconformismo. De la necesidad emocional de cambiar.

El camino a la innovación se parece al de la epistemología y justamente por eso el pensamiento crítico es clave. Parte de un conocimiento profundo del estado del arte, de un problema bien planteado y de tener claro cuáles son los recursos, habilidades y capacidades con las que se cuenta para abordarlo. La innovación, acaso, comience en espíritus innovadores con convencimiento de que juntos pueden producir más innovación que separados. En algunos casos a partir de nuevas tecnologías pero en muchos más, a partir de nuevas miradas, de nuevos modelos de negocios o gestión, de abordajes originales para una problemática ordinaria.

Para el líder tradicional constituye un gran desafío. El primero y crucial es poder determinar si la disrupción de la innovación es para la competencia o para la propia organización. En mi opinión si realmente estamos ante una innovación disruptiva implicará cambios en el mercado o el medio y también  en la propia estructura organizacional. A veces, incluso, llevándonos a evaluar si estamos ante el mejor líder posible para llevar adelante el siguiente estadio en el desarrollo.

América Latina tiene una gran oportunidad. Un continente joven se puede conectar más fácilmente con la niñez, acaso el mayor reservorio de creatividad.  A través de laboratorios de innovación, sistemas de aprendizaje más flexibles, podríamos integrar el pensamiento crítico, evaluar la comunidad y el entorno del estudiante e impulsar toda esa capacidad creativa. Estas instancias de formación estimulan el pensamiento crítico y con ellos, la ciencia, la tecnología, la ingeniería, las artes y las matemáticas e incluso disciplinas que todavía no conocemos. Si construimos espacios que funcionen como un refugio seguro para aprender por medio de la elaboración, modificación y modelación, la retención en el sistema educativo será mayor y nuestras posibilidades de aprovechar el bono demográfico se incrementaran.

Estamos formando trabajadores para trabajos que no existen.

Tal vez podamos hacer algo para lograr vivir en lugares que aseguren  igualdad de oportunidades  y entornos más dinámicos, modernos, inclusivos y sostenibles.

 

 

Acerca de Martín Padulla

Fundador y Managing Director de Staffingamericalatina. Martín Padulla es Sociólogo (USAL), MBA (UCA) y experto en mercados laborales. Publicó Trabajo Flexible en Sudamérica y Entornos normativos para Agencias Privadas de Empleo en América Latina, dos libros acerca de las nuevas realidades del trabajo.

Sigue a Martín Padulla en Twitter: @MartinPadulla

mpadulla@staffingamericalatina.com

 

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