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La diversidad sociológica de una empresa es fundamental para el futuro

En una entrevista realizada por el portal Noticias de Gipuzkoa, el Consejero del Director General de la OIT para políticas de empleo y futuro del trabajo, Raymond Torres alertó sobre la transformación del mercado laboral y abogó por cambiar las políticas de empleo para adaptarse a una realidad basada en la tecnología

¿A qué desafíos se enfrenta la sociedad a la hora de articular empleo y cohesión social?

Venimos de una crisis que ha generado mucho paro, inactividad, muchas personas ni siquiera están buscando trabajo porque se han desanimado… También hay que tener en cuenta que se está produciendo una revolución tecnológica muy importante que redistribuye completamente el empleo.

¿En qué sentido?

Ya no existen solo los asalariados o los autónomos. Los asalariados se están diversificando. Y todo con un sistema económico que está cambiando mucho.

Mientras, las desigualdades continúan creciendo.

Es algo que está pasando en casi todos los países. Euskadi es probablemente una excepción. La revolución tecnológica, aunque proporciona nuevas posibilidades de empleo, complica mantener la cohesión social. El paro entre jóvenes cualificados titulados universitarios, por ejemplo, es algo que erosiona el pacto social y provoca ese descontento que estamos viendo.

Hasta ahora la exclusión se ha combatido con prestaciones sociales. Sin embargo, ¿es suficiente?

Es esencial, pero no suficiente. Hace falta otra cosa. Muchos países tienen, por ejemplo, oficinas de empleo que extienden sus servicios no solo a los parados, sino a personas inactivas por distintas razones.

¿Entonces?

Hace falta protección social, pero también pensar en el empleo y el tipo de empleo que se está generando.

Estamos saliendo de la crisis y se están generando nuevos contratos. Lo esencial está en proporcionar seguridad jurídica tanto a los empleadores como a los trabajadores. Hay que repensar el sistema, sobre todo, por los cambios que se avecinan. La transformación tecnológica de nuestras economías nos tiene que llevar a replantear completamente todo el marco de políticas laborales, sociales, política de competencia, pero también educativa.

¿Puede poner algunos ejemplos de esas transformaciones?

Igual que tenemos el derecho a una pensión en algún momento, toda persona debería tener una dotación de créditos educativos que utilizara mayormente en los primeros años de vida, pero que puedan aprovechar también de adultos. Eso es algo muy importante que merece una reflexión. Asimismo, el ahorro que se produce al no pagar las prestaciones de desempleo a medida que se reduce el paro, podría destinarse a políticas activas de empleo. También es importante repensar la financiación de la actividad productiva, facilitar la creación de nuevas empresas. Va a crecer con intensidad el empleo ligado al cuidado de la persona, a la educación, a la sanidad… Todo lo que tenga que ver con una relación personal va a crecer mientras que todos esos empleos ligados con sectores que se pueden robotizar se van a reducir.

¿Hay algún país o algún modelo que puedan servir de referencia?

Realmente no, porque la revolución tecnológica es algo que se está produciendo ahora. Tenemos que aprender. Alemania y Japón, por ejemplo, tienen una estrategia de reconversión industrial profunda para aprovechar el Big Data, que va a ser el petróleo del mañana.

¿Están las empresas preparadas para integrar a personas vulnerables en sus plantillas?

Todo proceso de descentralización de responsabilidades, de reducir la jerarquía es algo que queda por hacer, así como la integración de colectivos vulnerables que en realidad son una riqueza porque la diversidad sociológica en una empresa es algo fundamental para el futuro. Hay estudios que muestran que centrarse en una plantilla muy joven puede dar como resultado una falta de adaptación frente a las crisis. Y viceversa. Hace falta una cierta diversidad.

¿Es partidario de impulsar políticas fiscales que favorezcan la contratación de estas personas?

No, porque se da cierta estigmatización. Yo abogaría por apoyar a la persona más que a la empresa, que se pueda compatibilizar, durante un tiempo al menos, una prestación con un salario.

En este contexto, ¿la robotización de los puestos de trabajo es otro handicap?

Puede ser una ventaja, porque no hace falta una presencia permanente en el lugar de trabajo. Además, los colectivos vulnerables tienen posibilidad de trabajar a tiempo parcial mucho más fácilmente. Pero puede haber una desventaja adicional si las conexiones a todo ese tipo de plataformas no son las mismas entre todos. Hay que invertir mucho más en desarrollar la banda ancha y que todo el mundo pueda acceder a este tipo de tecnologías.

¿Qué papel juega la formación en este punto?

Es clave. Hay que apostar por la formación para la adaptación del puesto de trabajo. La ingeniería de las políticas activas de trabajo y desarrollar políticas de formación de adultos. Hay mucho por hacer.

Fuente: Noticias de Gipuzkoa

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