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El desafío de crear empleo de calidad para los jóvenes

 Por Adriana Caceres

 

El desempleo juvenil es una preocupación mundial que crece año tras año rompiendo récords históricos. Siguiendo un informe de 2017 de la Organización Internacional del Trabajo, el promedio global de desocupación en la población joven se ubica en el 13,1%; mientras que en nuestra región se calcula para el último año una tasa del 18,3%.

Al momento de buscar el primer empleo, los jóvenes encuentran distintos obstáculos. Salvando aquellos impedimentos vinculados al nivel educativo o género, la mayoría de quienes se incorporan a la población económicamente activa, choca con una lenta absorción de la demanda laboral. Es así como se genera excedente de fuerza de trabajo juvenil, que no logra insertarse en el mercado de trabajo o, sí lo logra, acceden a empleos informales, precarizados y por lo tanto, sin acceso a derechos sociales. Debido a esto, ante una situación de crisis económica, son los primeros en ser expulsados de su trabajo.

Hoy los datos indican que la economía viene creciendo, el salario real va ganando protagonismo y se está generando empleo de calidad todos los meses. Para ello, entre otras medidas, el gobierno nacional está dando beneficios a las Pymes, que representan el 99% de las empresas argentinas y generan el 70% del empleo formal, a través de ayuda financiera, eliminando impuestos y haciendo más fáciles los trámites burocráticos.

Sin embargo, aún se calcula que el 60% de los desempleados argentinos son menores de 30 años. Por otro lado, se avecina la problemática de la automatización de varios puestos de trabajo, que en su mayoría son ocupados por la población joven. Este proceso de reconversión económica tuvo un fuerte impacto negativo en España, donde se alcanzó la cifra de más de un 40% de desocupados en la franja etaria de 18 a 30 años (OIT, 2017).

En este sentido, uno de los desafíos del Estado está en no sólo crear empleos, sino empleos de calidad; como así también impulsar y fortalecer los proyectos de los jóvenes emprendedores, quienes tienen ideas nuevas e innovadoras, muchas de ellas con impacto real y positivo en la sociedad.

Construir puentes entre los jóvenes y empresas es importante. En esta articulación se crearon instancias de formación en oficios siguiendo la demanda laboral local, con aquellas habilidades específicas que necesitan las empresas del lugar. Se desarrolló el plan de inserción laboral, para que quienes estén incluidos en programas sociales puedan acceder a un empleo en relación de dependencia, con la posibilidad de seguir percibiendo la ayuda económica por dos años más. A su vez, el plan cuenta con incentivos para que las empresas incorporen a su equipo a los beneficiarios de programas sociales.

No hay recetas mágicas para revertir la desalentadora situación laboral de los jóvenes. En este camino se trabaja, para detectar los problemas, pensando en las soluciones y actuando fuertemente para avanzar con soluciones y propuestas claras. El compromiso es trabajar para poder transformar el presente de los jóvenes y que, de ese modo, logren ser los protagonistas del futuro.

Fuente: El Cronista

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