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Descomprimiendo el ancho de banda mental: la escasez y sus efectos en el trabajo

¿Que sucede con nuestras decisiones cuando estamos presionados porque nos falta tiempo, dinero o información? ¿Cómo nos comportamos en el trabajo cuando estamos preocupados por no podemos pagar las cuentas? Preguntas que podemos comenzar a comprender desde los avances de la economía conductual.

Por Gabriela Vlasich*

La economía conductual es el área de estudio que toma los aportes de la psicología del comportamiento para analizar y comprender cómo las personas toman decisiones económicas –asignación de recursos- en contextos de incertidumbre.

Los avances de esta disciplina están siendo aplicados en diversas áreas, tales como finanzas, marketing y mercados de trabajo. Lo importante de esta corriente es como nos permite pensar fenómenos desde una perspectiva novedosa, aportando una visión crítica de la concepción neoclásica del agente racional. Por ejemplo, la teoría del agente racional establece que los individuos toman decisiones en un contexto inclusivo, incorporando todos los detalles relevantes. Desde la economía conductual se establece que las personas suelen actuar intuitivamente y  sus procesos de toma de decisiones se ven afectados por estados emocionales, heurísticas (simplificaciones) y sesgos que reducen la complejidad de la situación, tornándola mentalmente accesible. La aplicación de estos conceptos y herramientas al análisis de organizaciones y de mercados laborales puede ser sumamente enriquecedor.

Actualmente, investigadores como S. Mullainathan y E. Shafir, están analizando  como la escasez–de tiempo, dinero, espacio, etc.- moldean los patrones de pensamiento, focalizando la mente de las personas sobre el faltante que están teniendo. Esto produce una reducción en el “ancho de banda” mental de los individuos, afectando su capacidad cognitiva -procesamiento y toma de decisiones- y control ejecutivo -cuan impulsivos son para decidir. Es decir, afecta una porción de capacidad mental que se destina a tomar decisiones. El resultado es que las personas se enfocan demasiado en el problema de escasez que están enfrentando en ese momento, reduciendo su atención y curiosidad sobre asuntos más amplios.

Si analizamos este fenómeno dentro de una empresa, podemos entender como la escasez afecta la performance y productividad de los empleados. Dichos empleados son más productivos cuando pueden concentrarse en su trabajo, pero si sus ingresos son bajos les resulta difícil concentrarse y ser productivos. Hay una explicación muy simple para esto. Las personas con ingresos más bajos, destinan una gran parte de su capacidad mental a resolver sus finanzas personales.

Es factible que los empleados con ingresos bajos presten menos atención o incluso lleguen tarde o falten al trabajo, lo que genera costos más altos para los empleadores.  Los investigadores de Ideas 42 proponen la creación de programas que faciliten la administración de las finanzas personales de estos empleados y les ayuden a disminuir progresivamente sus deudas, liberando capacidad cognitiva para dedicarse más a pleno a sus responsabilidades.

Lo mismo sucede si pensamos en trabajadores con escasez de tiempo para llevar adelante sus tareas. Es importante no confundir esto con el trabajar bajo presión. Cuando tenemos muy poco tiempo para desarrollar una actividad, nuestro grado de concentración en la misma puede ser altísimo, pero el proceso de toma de decisiones seguramente se vea afectado porque fuimos capaces de analizar el panorama amplio de la misma forma que lo podríamos haber hecho de tener más tiempo.

A la hora de analizar mercados laborales y sectores vulnerables, podemos ver como la escasez afecta los procesos de toma de decisiones de los individuos. Las personas en contextos de vulnerabilidad ocupan gran parte de su capacidad cognitiva en resolver a corto plazo sus necesidades más urgentes.

En este sentido, los efectos de la escasez se tornan particularmente catastróficos cuando se relacionan con temas monetarios. La preocupación excesiva respecto al dinero genera juicios pobres, menor habilidad para tomar decisiones racionales observando un panorama más amplio y, lo que resulta más preocupante, generan una disminución de la capacidad cognitiva y menor resistencia a la tentación de llevar adelante actos auto-destructivos.

El diseño de políticas públicas y de programas de inserción al mercado laboral debe tener en cuenta esta variable. Entender los efectos que la escasez tiene sobre el comportamiento permite desarrollar programas más eficientes, con articulación entre el sector público y privado, que permita a estas personas librar espacio mental mediante la satisfacción de las necesidades más urgentes, para dedicarse más a pleno a tareas que les permitan comenzar a mejorar su situación económica. Un claro ejemplo de este tipo de medidas son las descriptas por Manuel Urquidi  del Banco Interamericano para el Desarrollo para el caso de Bolivia, donde se ha desarrollado un programa que brinda oportunidades a grupos vulnerables, sin generar costos a las organizaciones.

La economía conductual nos permite comenzar a comprender comportamientos, y generar esquemas para modificarlos sin perjudican a las organizaciones. Gran parte de estos programas son de muy bajo costo y sumamente efectivos ya que atacan al problema de raíz, trayendo beneficios no sólo a las organización y estados sino también a los trabajadores y su calidad de vida.

 

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