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Capital humano e inteligencia artificial

La inteligencia artificial, la robótica y la tecnología parecen revolucionar todo; sin embargo, las habilidades estrictamente humanas son las que permitirán alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible.

 

Por Martín Padulla para staffingamericalatina*

 

La palabra robot es atribuida al escritor checo Karel Capek, en 1921. Sí, efectivamente, en muy poco tiempo, cumplirá un siglo.  En estos 95 años leímos muchos libros y luego vimos varias películas que nos fascinaron a través de una idea de futuro super tecnológico (robótico) que parecía que nunca iba a llegar. Mientras Star Wars se volvía película de culto, algunos científicos pensaban que para ser útiles, los robots debían interactuar con los humanos y que esa interacción debía ser lo más natural posible. A esa estructura metálica con rasgos humanoides era necesario agregarle un “cerebro” artificial.

Joe Engelberg construyó un prototipo en los años cincuenta y en los sesenta  vendió el primer robot útil en Estados Unidos. Tal vez en los ochenta sonó la primera señal de alarma fuerte cuando los robots desplazaron a los obreros en las fábricas automotrices de Japón.  La historia que sigue es conocida, nos empezamos a rodear de dispositivos “smarts” y teniendo tantas cosas inteligentes alrededor, increíblemente no son pocos los que todavía parecen asombrarse por la robótica, la inteligencia artificial y el uso de algoritmos en el mundo del trabajo.

Es evidente que la adaptación al cambio es lenta y el temor a los desconocido seguido de parálisis en la acción puede durar casi un siglo.

La inteligencia artificial (IA) es  el medio por el cual computadoras, robots y otros dispositivos realizan tareas que normalmente requieren de la inteligencia humana. ¿Qué tipo de tareas? La resolución de cierto tipo de problemas, la capacidad de discriminar entre distintos objetos o la de responder a órdenes verbales concretas.

La IA agrupa un conjunto de técnicas que, mediante circuitos electrónicos y programas avanzados, procura imitar procedimientos similares a los procesos inductivos y deductivos de nuestro cerebro. La base de todo esto es la investigación de las redes neuronales humanas y, a partir de esto, el objetivo es copiar electrónicamente el funcionamiento del cerebro.

Me gusta pensar esta disciplina de altísimo rigor científico y tecnológico como una actividad eminentemente humana. El hombre es la referencia. Tal vez también el destino o el objetivo.

El avance en la investigación de las redes neuronales crece a velocidad exponencial. Deep Blue, puede vencer a cualquier jugador de ajedrez porque no sólo tiene gran cantidad de jugadas programadas, sino que además aprende de su adversario y es capaz de adelantarse a las decisiones de su contendiente abortando sus estrategias antes de que prosperen.

Estamos en un estadio en el que se ha logrado dotar a las máquinas de información útil que pueden usar en ámbitos especializados. Todavía son caras. ¿Por cuánto tiempo? Esa es la gran pregunta. La otra que hacen los luddistas es: ¿se quedarán con todo el trabajo?

Nuestro cerebro tiene aproximadamente 10 mil millones de neuronas. Todavía no sabemos exactamente cómo se interrelacionan para “pensar”. Esto hace que por ahora sea imposible reproducir en una máquina ese proceso. Son muchos los aspectos que diferencian al cerebro humano de los sistemas desarrollados por la inteligencia artificial y quizá en el análisis de estas diferencias se encuentre la clave de las competencias a desarrollar:

  • Las máquinas carecen de mecanismos intuitivos y se basan sólo en el método automático de prueba y error. No tienen la capacidad de reaccionar ante situaciones inesperadas ni la posibilidad de generalizar acontecimientos distintos.
  • Las máquinas carecen de creatividad. La creatividad es un atributo totalmente humano. En las máquinas no existe una interrelación creativa, y los cambios de contexto no implican una modificación sustancial entre sus circuitos y programas; el medio circundante no modifica estructuralmente sus funciones.
  • La mente humana está provista de valores producto de la interrelación social; al no tenerlos, las máquinas no pueden evolucionar o autoperfeccionarse. Requieren del hombre.

Cuando operamos con el cajero automático podemos inferir que es necesario reconvertir a todas las personas que nos atienden detrás de las ventanillas. Todos los empleados que aguardan impacientes la hora de salida detrás de una ventanilla mientras se forman larguísimas colas, deben saber que ya existe la tecnología que puede reemplazar esos puestos de trabajo. Y que existen otros trabajadores que están aplicando esfuerzo, inteligencia y creatividad para desarrollar más funcionalidades a la tecnología disponible.

La economía está cambiando, todos los días, con prisa y sin pausa. Muchos puestos de trabajo, especialmente los de productividad media, serán obsoletos. La lógica de la inteligencia artificial es simple: cuantos más datos, más potencia de esos motores de inteligencia artificial: si se alimenta un sistema de redes neuronales con el número suficiente de imágenes de un perro, el sistema será capaz de reconocer a un perro entre un conjunto de imágenes. Si se lo alimenta con suficientes conversaciones humanas, será capaz de mantener una conversación. Si se lo alimenta con suficientes datos de los vehículos y elementos que rodean a un automóvil en particular, será capaz de hacer que ese automóvil se conduzca solo. Más datos, más potencia. Simple. Contundente.

El desafío parece ser el de formar a los niños con las habilidades que realmente se necesitarán, enseñarles a pensar, a crear, a innovar, fortalecerlos con valores y reconvertir a los trabajadores que recién están ingresando al mercado laboral haciendo una lectura efectiva del desarrollo tecnológico y fundamentalmente del desarrollo humano. Para esto hay que trabajar proactivamente para anticiparse a la demanda y generar instancias de formación eficientes, y muy disruptivas.

La tecnología disponible hoy nos permite pensar un futuro cercano con más edificios “inteligentes” con puertas que se abrirán con el sonido de nuestra voz, sensores nos harán ahorrar energía porque apagarán luces de lugares en los que no estamos y porque regularán la temperatura de hogares y lugares de trabajo y con dispositivos que serán smarts y se activarán por voz. Nos permite imaginar con cierto grado de certeza cómo será la vida en sociedad de los próximos años, cuáles serán las profesiones y oficios más interesantes.

La pregunta es qué pasará con las personas que no tienen acceso a la educación y a la tecnología. La gran incógnita a resolver es si la tecnología y la inteligencia artificial estarán al servicio de minorías o será una herramienta inclusiva y democrática alineada con el medio ambiente creando un mejor nivel de vida para más personas. En ese caso eso artificial realmente será inteligencia.

Elon Musk, fundador de Tesla y SpaceX y Sam Altman, CEO de Y Combinator, expresaron su preocupación con respecto al futuro de esta cara de la Inteligencia Artificial y crearon OpenAI, una empresa que ofrece todas sus patentes sin pago de royalties.

En Argentina y en Colombia, Arbusta brinda servicios para la economía digital generando empleo para jóvenes que no estudiaban ni trabajaban. Servicios digitales de clase mundial entregados con pasión por personas que eran invisibles para el mercado laboral

Existen ya organizaciones enfocadas en transformar el trabajo para erradicar la pobreza. Crear capital humano para aprovechar el desarrollo tecnológico. Organizaciones que entendieron que futuro del trabajo parece estar en aquellas tareas que no son rutinarias y que requieren de cerebros e inteligencia artificial con un propósito que contenga a todos.

América Latina tiene la posibilidad de incrementar las habilidades humanas y hacer uso de la inteligencia artificial para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible.

Esto no dependerá de robots. Estará relacionado con cerebros, corazones y manos de humanos.

 
 
 
Acerca de Martín Padulla

Fundador y Managing Director de Staffingamericalatina. Martín Padulla es Sociólogo (USAL), MBA (UCA) y experto en mercados laborales. Publicó Trabajo Flexible en Sudamérica y Entornos normativos para Agencias Privadas de Empleo en América Latina, dos libros acerca de las nuevas realidades del trabajo.

@MartinPadulla

mpadulla@staffingamericalatina.com

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