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Argentina: 6 de cada 10 ocupados son informales

Existen varias medidas posibles para otorgar derechos a los trabajadores y motorizar la economía.

Durante la última reunión regional celebrada en Lima, la OIT alertó que aun habiendo disfrutado de un contexto internacional muy favorable la informalidad sigue siendo muy alta en América Latina. Argentina no es la excepción.

Si bien el fenómeno es causado por múltiples factores, uno de los más importantes son las regulaciones laborales que discriminan contra los trabajadores menos calificados. Se necesita apelar a nuevas estrategias que prioricen bajar las cargas sociales –que gravan a los salarios más bajos– antes que reducir el impuesto a las ganancias y fomentar formas no tradicionales de empleo formal.

La publicación de la OIT abordando los problemas de informalidad en América Latina dio motivo a una polémica en Argentina. En realidad la polémica se circunscribió a los políticos oficialistas, la gente común no repara en porcentajes: sabe fehacientemente que la informalidad es muy alta.

Las controversias irrespetuosas sobre un tema tan sensible como los derechos de los trabajadores se centraron en cuestiones metodológicas. Mientras que en la Argentina la informalidad laboral se suele medir considerando solamente al empleo asalariado, la OIT sumó también a los cuentapropistas. Vale la pena recordar que la OIT es un organismo tripartito representado por gobiernos, empleadores y trabajadores. Todas las reuniones de la OIT cuentan con la presencia activa de sus mandantes.
Es claro que estas discusiones de comité eclipsan el mensaje más importante. La OIT alerta que la informalidad, aun en un contexto externo muy favorable, sigue siendo muy alta en toda la región. Esta situación plantea un desafío sumamente complejo ya que para el futuro muy cercano se avizora un panorama internacional menos propicio.

Para el caso de Argentina, los datos del INDEC permiten entender las posibles causas de la informalidad.
En el grupo de trabajadores con nivel de educación superior la incidencia de la informalidad cayó del 31% al 24% del total de los ocupados en la última década.. En el grupo de trabajadores con secundaria completa o superior incompleta la incidencia de la informalidad se redujo del 49% a 40%. Entre los trabajadores con educación hasta secundaria incompleta la incidencia de la informalidad se mantuvo sin cambios en el orden del 61%.

Aún en contextos de alto crecimiento económico no cambió la relación de que 6 de cada 10 ocupados con bajos niveles de educación siguen teniendo una inserción informal.

Evidentemente en la observación de este fenómeno subyacen varios factores causales. El primero a considerar es que la creación de empleos formales de la década pasada fue motorizada por la licuación de costos laborales derivada de la mega devaluación del año 2002. El impacto más fuerte de la licuación se dio entre los trabajadores más calificados pero tuvo escasa incidencia entre los menos calificados ya que, en este segmento, la licuación de costos laborales  no fue suficiente para compensar los bajos niveles de productividad prevalecientes.

Una segunda explicación podría encontrarse en las pocas ventajas que otorga la formalización en los niveles más bajos. Un trabajador informal puede acceder con las moratorias a similar jubilación que un formal, cobra el mismo monto de asignación familiar gracias a la AUH, ante la pérdida de empleo accede a prestaciones asistenciales superiores al seguro de desempleo de los formales y los servicios de salud de una obra social no difieren del hospital público. ¿Es este el modo adecuado de implementar el concepto de justicia social?
Para revertir la alta informalidad hay que actuar sobre los bajos niveles de productividad y los altos costos laborales, promover la formalidad a través de todas las formas no tradicionales de empleo que impliquen relaciones laborales o comerciales que cumplen con la normativa vigente. Existen convenios de la OIT como por ejemplo el 181 sobre agencias privadas de empleo que constituyen una forma adecuada de control para el adecuado cumplimiento de estas formas no tradicionales de empleo formal.

La productividad requiere de mejoras en la educación, generar instancias efectivas de formación para el empleo fundamentalmente para los grupos más vulnerables y elevar la tasa de inversión productiva.

La disminución de los costos laborales es viable mediante el replanteo del diseño de las prestaciones sociales, reduciendo los impuestos que gravan a los salarios, especialmente a los más bajos. Esto se podría lograr incorporando montos mínimos no imponibles a las cargas sociales en compensación a la falta de actualización del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias.

Argentina tiene la oportunidad de comenzar un nuevo ciclo económico con conceptos funcionales a los mercados laborales más modernos. El mundo del trabajo cambió, las nuevas generaciones que pretenden ingresar al mercado laboral tienen expectativas muy diferentes a las de mediados de la década del 40. Con control y regulaciones adecuadas, se puede crear más y mejor trabajo. El trabajo decente que demanda la OIT para todo el Mundo.

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